No todo el mundo se vende por un patrocinio cultural más o menos sustancioso. Sobre todo si quien pone el dinero está socavando seriamente la industria en la que desarrollas tu trabajo profesional.
Eso debió pensar esta primavera la asociación francesa de libreros (Syndicat de la Librairie Française) cuando atacó de frente y con toda la artillería a la multinacional Amazon por el patrocinio (suponemos que millonario, aunque las cifras no se han hecho públicas) del Festival del Libro de Paris, el evento literario más importante de Francia.
Los libreros franceses amenazaron con boicotear la feria si la financiaba la compañía que dirige Jeff Bezos pues consideran que “está inundando el mercado con libros falsos generados mediante inteligencia artificial, promocionados con reseñas falsas y colocados en primeros puestos de rankings falsos”. Nada nuevo, aunque sí lo es la acción de los libreros.
El resultado ha sido la retirada de Amazon, de común acuerdo con la organización del festival. Aunque lo hace de mala gana y considerando absurda y engañosa la acusación de los libreros.
La resistencia mínima y necesaria
El malestar ya venía de tiempo atrás, tras la aprobación de una ley que impone una tarifa mínima de tres euros en los envíos de libros nuevos. Amazon alega que no tiene por qué someterse a esta tarifa cuando reparte los libros en taquillas de mensajería de su propiedad.
No deja de ser llamativo que la multinacional, que nació como una pequeña tienda de libros en internet, haya acabado encarnado la imagen de una especie de depredador de quienes quieren vivir dignamente en el territorio del libro: autores, libreros, editores…
Cuando en 2019 el escritor Jorge Carrión escribió Contra Amazon, un ensayo en el que defiende el gusto por la lectura pausada, el olor del papel o la capacidad de arriesgarse de una pequeña librería, la inteligencia artificial apenas era un concepto propio de la ciencia ficción.
Hoy, a traves de la IA, se han hecho mucho más evidentes los motivos por los que Carrión defendía libros y librerías. Y aunque no quede más remedio que navegar en el océano tecnológico del mundo actual, siempre será necesaria, cómo dice el escritor barcelonés, una mínima y necesaria resistencia.
Eso es lo que han hecho los libreros de París con su amenaza de boycot y con el logro de la retirada de la multinacional. Cero que conservar esta resistencia mínima, conservar el valor del libro como uno de los artefactos clave de la creatividad humana, ayuda a que quienes forman el sector (autores, librerías, editores…) no se conviertan en un mini-yo de Amazon.
Imagen de cabecera: Librería Artazart de Paris. Foto: Alexander Baxevanis (cc- by)
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