El Centro de Arte Reina Sofía de Madrid acoge una exposición dedicada a la obra de Felix Gonzalez-Torres (Guáimaro, Cuba, 1957 – Miami, Estados Unidos, 1996), una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo de las últimas décadas.
Su obra, informa el Museo, está caracterizada por su efimeridad, su naturaleza participativa, su rigor conceptual y sus profundas dimensiones políticas y emocionales y continúa influyendo de manera decisiva en las nuevas generaciones de artistas.
La exposición incluye más de cincuenta obras del artista, presentadas en un espacio expositivo adaptado arquitectónicamente para la ocasión.
Madrid en la biografía de González-Torres
El Museo ha contado para organizarla con préstamos de instituciones como el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art o Glenstone de Potomac, Maryland, entre otras, así como de colecciones privadas. Asimismo, esta exposición ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Félix González-Torres.
La ciudad de Madrid fue un lugar emocionalmente complejo para Gonzalez-Torres. En 1971, fue enviado a España como parte de un programa destinado a trasladar a niños desde Cuba para alejarlos del régimen. Permaneció aquí durante un breve periodo antes de trasladarse a Puerto Rico y más tarde a Nueva York, donde pasaría la mayor parte de su vida adulta.
No regresó a la ciudad española hasta 1991, con motivo de una exposición colectiva. Al recordar ese primer regreso, escribió: «… Volví a Madrid casi veinte años después —dulce venganza—».
Una obra que se mezcla con su público
Bajo esta noción de «dulce venganza», la exposición propone, en palabras de sus comisarios,
Alejandro Cesarco y Nancy Spector, «una comprensión del poderoso uso de la diferencia, la contradicción y la paradoja a lo largo de los distintos conjuntos de obras que reúne».
Los trabajos de Felix Gonzalez-Torres operan dentro de un conjunto de principios, instrucciones y posibilidades. Por ejemplo, ciertas obras, compuestas por materiales producidos comercialmente, se fabrican de nuevo para cada presentación.
Por ejemplo sus esculturas hechas de las pilas de papel o montones de caramelos que el público puede tomar y que pueden ser repuestos indefinidamente.
Asimismo, los retratos de texto son modificables; la persona o institución que posee el retrato, así como quienes son responsables de exhibirlo, pueden alterar su contenido. De este modo, el artista cuestiona las nociones de autoría y permanencia, adoptando la flexibilidad y la interpretación abierta.
La indeleble presencia del sida
La obra de Gonzalez-Torres es inseparable del contexto en el que desarrolló su práctica, marcado por la crisis del sida y las políticas conservadoras en Estados Unidos durante las décadas de 1980 y 1990.
Como artista queer, desarrolló un lenguaje visual deliberadamente inestable y profundamente personal, marcado por la muerte de su pareja a causa del sida en 1991. Consciente de la inminencia de su propia muerte por la misma enfermedad, Gonzalez-Torres anticipó el futuro de su obra y dejó un legado influyente en el que las formas estéticas se convierten en vehículos de resonancia emocional y urgencia política.
La exposición avanza de una sala a otra con sutiles cambios de tono y temática, evocando cuestiones presentes en la práctica de Gonzalez-Torres, como las nociones de exilio y viaje, la epidemia del sida y la homofobia, la autoridad y la historia, la necesidad de justicia social y la esperanza de renovación.
Exposición Dulce venganza. Félix González-Torres.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Edificio Sabatini, Planta 1.
Ronda de Atocha, s/n. Madrid.
Hasta el 12 de octubre de 2026. Horarios.
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