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Frederick y el museo del títere de Cádiz

Imagen de títeres del Museo del títere de Cádiz

Frederick es un ratón, protagonista de un cuento infantil. Mejor dicho, de una fábula infantil que no debiéramos olvidar los adultos. Su historia forma parte también del Museo del Títere de Cádiz, aunque sólo sea como un mural que la recuerda al visitante.

El escritor holadés Leo Lionni imaginó y publicó el cuento en 1967. En realidad es una historia alternativa a la fábula de la hormiga y la cigarra de Esopo, con un final mucho más bello y, tal vez, un tanto utópico.

Frederick vive en una granja y parece que no hace nada mientras los demás ratones van regociendo comida y suministros para cuando llegue el invierno. Cuándo le preguntan qué está haciendo, responde que recogiendo rayos de sol y colores para los largos y grises días de dicha estación.

¿Por qué está Frederick en Cádiz?

Cuando finalmente el invierno avanza en su crudeza y los suministros empiezan a menguar, los ratones acuden a Frederick, que empieza a contarles historias que les recuerdan los rayos de sol y los colores de la primavera, el otoño y el verano. Sus historias crean esperanza a través de la memoria y la imaginación.

Un día, la fábula de Frederick inspiró a un artista gaditano, Francisco Peralta, a crear los títeres, en forma de ratones hechos con ganchillo por su mujer, Matilde del Amo. La obra se estrenó en 1984 en el II Festival Internacional de Títeres de Tolosa. Luego estaría representándose durante una década en diferentes escenarios.

Un panel o mural vertical lo recuerda en los pasillos del Museo del Títere de Cádiz. Los ratones de ganchillo se pueden ver en la exposición permanente de la colección de títeres de Francisco Peralta en Segovia, la ciudad castellana que le acogió y le recuerda con cariño y respeto.

Crecer con La Tía Norica

El mural forma parte de la exposición fotográfica de las marionetas creadas por Peralta para su compañía de títeres, fotografías que, tras viajar por diferentes lugares, se instalaron de forma permanente en el museo gaditano tras el homenaje que el 34 Festival Internacional del Títere de Cádiz rindió al artista en 2017.

Peralta creció viendo de niño las representaciones de La Tía Norica, personaje singular de los titereros gaditanos que da nombre a la legendaria compañía de títeres que mantiene viva la familia Bablé y cuya trayectoria le valió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 2002.

La Tía Norica tiene, además de su espacio en el citado museo y de su fecha señalada en el Festival Internacional de Títeres que se celebra en Cádiz, un teatro propio en la Calle San Miguel, dónde antiguamente estuvo el Teatro Cómico.

No hay que olvidar, por contraste, que durante parte de su existencia La Tía Norica se representó en esas habitaciones de planta baja con acceso independiente que se llemaban “las accesorias”, como apuntó Carlos Aladro en su libro La tía Norica de Cádiz (1976), de cuya publicación se cumple ahora medio siglo ya.

“La breve historia de Doña Norica nos remite al escondrijo y sus más diversos derivados. No encontramos a Doña Norica en la más abierta clandestinidad, nunca lo estuvo, pero sí en lugares propios a este ejercicio”, escribe Aladro en referencia a las accesorias.

Cádiz, una ciudad con alma de artista

Habrá quien piense que esto de las marionetas son cuentos de niños. Es verdad, lo son. Como también es verdad que los mayores, cuando tenemos que cuidar de los más pequeños, asistimos como testigos a esas mismas representaciones que vimos en nuestra infancia. Quiero decir que los títeres tienen ese poder de recordarnos valores, emociones y humanidad.

No todo el mundo puede ser Frederick, aunque cuando llega febrero y el carnaval, por ejemplo, se hace patente que Cádiz es una ciudad con alma de artista: hay quien escribe letras, quien las canta, quien compone la música, quien pinta los forillos, quien diseña sus disfraces y máscaras.

Imagen del ratón Frederick en el Museo del títere de Cádiz
Las fotos incluidas en el panel las realizó Diego Conte Bragado.

Puestos a comparar, son muchos los hilos en común entre la preparación de una agrupación carnavalesca y un teatrillo de títeres.

Alma de artista, como bien contaba a Carlos Aladro ese gran titerero que fue Manuel Martínez Couto:

“De los mayores aquí no vienen más que los inteligentes; pudiera, pudiera decir que solo los que tienen en su alma algo de artistas…”.

Conservar el legado

Lo escrito hasta aquí es apena una señal de la profundidad del legado artístico que ha ido creciendo en la ciudad gracias a La Tía Norica.

Sin olvidar la colección de títeres y documentos adquiridos por el Ayuntamiento al coleccionista segoviano Ismael Peña. Títeres, fantoches, guiñoles y marionetas que componen el grueso de los fondos que pueden verse en el Museo del Títere de Cádiz.

Pueden verse diferentes técnicas de manejo y construcción de estas figuras de casi todos los continentes. De Africa: Burkina Faso, Malí, Ghana; de Asia: Birmania, Isla de Java, China; de América: México; de Europa: España, Italia, Austria, Rusia, la república Checa.

Es agradable e inspirador pasear entre estas figuras quietas y silenciosas que, sabemos, podrían cobrar vida en las manos de un artista en cualquier momento. Conservar este legado no deja de ser también una forma de guardar colores y rayos de sol para cuando llegue el invierno.

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