Candi Garbarino (Cádiz, 1948) calla en color blanco; quiero decir que su silencio atento genera cierta expectativa luminosa sobre sus palabras, sobre su manera de expresar y enfrentar el mundo.
La expectativa nace no solo de su personalidad, dotada de una indudable capacidad didáctica que debieron apreciar sus alumnos, sino también de su obra artística, dilatada en el tiempo y reconocida tanto en Cádiz como en toda España.
Y aunque echar una mirada a su curriculum puede ser abrumador, la mujer que hay detrás de esta extensa carrera como artista y profesora, se manifiesta con la sencillez de quien ha aprendido las cosas que más importan en la vida; una de ellas, la alegría, o más bien la mirada optimista sobre el tiempo pasado, el presente y el futuro.
De la observación a la memoria
El silencio es una de las cualidades esenciales de quien observa. El silencio facilita la retención de las imágenes, de los colores. Luego la memoria trabaja en esa repositorio vital y va extrayendo palabras, o trazos, o colores, y va formando poco a poco la obra.
Más o menos así trabaja Candi Garbarino; observa, retiene y, cuando llega el momento, a menudo sin buscarlo de forma expresa, todo ese bagaje interior se reproduce a través de los pinceles, de las manchas de color, en el papel, la madera, el lienzo.
En las maneras y en el resultado se respira libertad. Y en esa libertad jugó siempre o casi siempre un papel clave su padre, pintor realista, cuyas obras conserva en la casa familiar en la que la artista reside y trabaja y que siempre alentó su personalísima forma de crear.
“Unas veces yo sé lo que quiero expresar pintando y otras me dejo llevar por mis ganas de pintar, por mi vitalidad”, afirma. ¿Por el azar? pregunto: “Muchas veces casi todo, casi todo con una idea previa”. Una idea que se va llenando de emociones.
De Goya al Guernica
Una tarde, cerrando ya sus puertas el Museo del Prado, una joven gaditana contempla con asombro las pinturas negras de Goya. Los empleados la conminan a marcharse, pero ella se resiste: “– Si ahora es cuando se ven bien. – Tiene usted razón, es ahora cuando mejor se ven”.
Años más tarde, también en Madrid, desde coordenadas vitales y artísticas completamente diferentes, la memoria de Candi Garbarino recuerda la obra Mark Rothko, uno de los pintores contemporáneos más innovadores en el uso del color, en la elección de matices y combinaciones expresivas.
“No se me olvida” esa exposición de Rothko, recuerda la artista gaditana, que nada más comenzar la entrevista quiso dejar claro y sin ningún atisbo de duda el cimiento de su obra: “Nunca me ha gustado mucho dibujar con líneas, con lápiz”. “Lo principal para mí es el color, la forma me la va dando el color”.
Algunas obras de Rothko se guardan con celo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, último custodio extranjero del Guernica de Pablo Picasso, antes de su regreso a definitivo a España en 1981.
Al Casón del Buen Retiro, primer lugar en el que se expuso en España el cuadro pintado 44 años antes, fue Candi Garbarino a contemplar la obra del maestro andaluz: “me emocionó mucho, la verdad”, dice.
Tres recuerdos que surgieron de una pregunta: ¿de qué artistas ha aprendido más?.

“Cádiz es mi referente”
Ahora en 2026 Candi Garbarino trabaja en su próxima exposición, en torno al océano y al mar, una muestra que tuvo que aplazar en 2025 por causas de salud y cuya organización retoma con fuerza y ganas con el objeto de que estas obras puedan contemplarse en el Castillo de Santa Catalina.
La exposición reunirá trabajos ya expuestos anteriormente y otros de nueva creación, en los que predomina un mar pleno de azules, de verdes y de gaditanía.
Ya trabajó antes en un tema tan afín a un apellido gaditano de origen genovés: Las exposiciones Mar de fondo (2013), Marazul (2004), La mar nuestra de cada día (1996, colectiva), Marea llena (1994, colectiva), son buen ejemplo.
También publicaciones como Océano, Cuadernos de Roldán nº80 (2014) o la carpeta de obra seriada La fauna de La Caleta (2004), entre otras.
De un modo u otro, toda la obra de la artista está influida por la ciudad de Cádiz y por la luz que la ilumina. A pesar de que ha vivido otras ciudades, ninguna ha tenido tanto valor para ella como como esta: “Cádiz es mi referente”.
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