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Variaciones sobre un retrato de Jeanne Hébuterne

Imagen de la obra Nu couche de Amedeo Modigliani

Si aceptamos que existen dos tipos de belleza, una creada por la naturaleza y otra creada por el arte, pocas mujeres han alcanzado el hermoso magnetismo de Jeanne Hébuterne en la fibras de un lienzo.

Pareja de hecho del pintor italiano Amedeo Modigliani y musa de sus cuadros, la imagen de Jeanne que nos ha legado el pintor toscano poco tiene que ver con la imagen real que transmiten las fotografías que se conservan de ella.

Christie’s subastó en 2013 uno de esos retratos, Jeanne Hébuterne (Au chapeau). La joven, que cumpliría esa primavera (1919) 21 años, aparece tocada con un sombrero azul oscuro, mirando de frente al artista con esos ojos infinitos, sin pupilas, tan característicos de los retratos de Modigliani.

Jeanne levanta una mano en un gesto efímero cuya significado final no conoceremos nunca, queda a la interpretación de quien observe el cuadro y se deje llevar por la tierna suavidad de sus colores y el estilizado primitivismo de su dibujo.

Modigliani es uno de esos artistas que han pasado a la posteridad porque han sido capaces de jugar con el tiempo en sus creaciones, de convertir un instante del presente en memoria futura y, posiblemente, eterna.

El tiempo es una ilusión

La literatura ha fantaseado mucho con esta idea del paso del tiempo en la obra de arte. Es bien conocido El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, muchas veces interpretado en clave moral (el deterioro causado por el mal), pero cuyo trasfondo tiene bastante que ver los estragos, físicos y mentales, que causa el envejecimiento. Con el miedo a la muerte.

También el novelista francés Guy de Maupassant, aunque en este caso la retratada era una mujer, escribió una novela con idéntico trasfondo, Fuerte como la muerte, no tan espectacular como la del dublinés pero mucho más sutil en el retrato psicológico de la protagonista.

Me pregunto cómo habría pintado Modigliani si hubiera llegado a viejo (murió con apenas 35 años), cómo habría sido su mirada, cómo se habría emocionado observando los retratos de juventud de una Jeanne convertida en una ancianita adoptada por las calles del Montparnasse parisino.

O cómo los habría mirado ella, que se quitó la vida dos días después de conocer el fallecimiento de Dedo, un frío mes de enero apenas once meses después de que este cuadro quedase definitivamente acabado.

Imagen de Jeanne Hébuterne (au_chapeau) by Amedeo Modigliani
Jeanne Hébuterne (au_chapeau) by Amedeo Modigliani

Y tendrá tus ojos

¿Qué relación podría existir entre esta historia y la obra El bello verano, del escritor piamontés Cesare Pavese?

La novela, una historia de iniciación a la vida, está protagonizada por una joven de diecisiete años que se enamora de un joven soldado pintor. Cuenta las visitas al bohemio estudio que este comparte con otro artista y la relación con una amiga que trabaja de modelo para ellos.

Ya tenemos un punto de conexión en la actividad artística y bohemia de sus protagonistas masculinos. Otro podría ser el carácter suicida del autor, que comparte con Jeanne.

Y un tercero, ciertamente inquietante, el título del famoso poema de Pavese Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Al leer estas palabras y mirar los retratos de Modigliani es difícil evitar un ligero escalofrío.

Un desnudo como contrapunto

Dos años después de le venta de este retrato, en 2015, la casa Christie’s subastó un famoso cuadro del Amedeo Modigliani titulado Nu couché. La obra es el retrato de una mujer desnuda tumbada sobre lo que parece un sofá rojo. No es un retrato de Jeanne, no tiene ese carácter íntimo y personal.

El cuadro se vendió por casi 170 millones de dólares, el precio más alto alcanzado por una obra del pintor italiano en el mercado de subastas, mucho más caro que el retrato con sombrero azul de Jeanne Hébuterne, que se remató dos años antes en poco más de 36 millones de dólares.

No solo el hecho de estar desnuda la diferencia del retrato aludido de Jeanne. Mientras Jeanne, con ese gesto en la mano podría recordar a una madonna laica, la mujer morena acostada en el diván parece rendirse, con sus brazos levantados por encima de la cabeza, al pintor que la retrata, al espectador que la observa.

La protagonista tiene el colorido de las noches de interior y una sonrisa que, a pesar del pintabios rojo, revela melancolía y un punto de tristeza. Nada que ver con la más enigmática que muestra Jeanne en su retrato con sombrero, sonrisa de póquer como suelen decir los jugadores de cartas y, cuyo significado queda reservado exclusivamente a los amantes.

Lo que dice el precio

En el mercado del arte tiene un peso considerable la subjetividad personal del comprador. Salvando las distancias de lo que se paga por las obras ocurre también, por ejemplo, con los libros o las composiciones musicales.

Nu couché, además del precio por el que se vendió (170 millones de dólares, recuerdo) y de haber sido comprada por un taxista chino convertido en multimillonario, tiene otras cusiosidades, como el hecho de haber formado parte de la única exposición que Modigliani hizo en vida, en 1917. en la galería Berthe Weill.

La policía cerró la exposición por el escándalo que supuso entonces ver expuesto al público una obra que representaba a una mujer desnuda, un tipo de arte reservado hasta entonces a los gabinetes privados de reyes y de gente que maneja mucho dinero.

Valga como ejemplo la Venus de Urbino de Tiziano, pintada para el cardenal Hipólito de Medici. Algunos expertos han relacionado con esta obra la de Modigliani.

Mirando la documentación de Christie’s, se ha escrito mucho más de este desnudo que del retrato de Jeanne, lo que demuestra un interés mayor en la obra. En comparación, el retrato de Jeanne no destaca tampoco por su precio, pero quizá sea más revelador del genio secreto de Modigliani.

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