“Ser amigo de alguien es desearle que vuele” piensa Sofía Montalvo, una de las protagonistas de Nubosidad variable, esa novela de soledades compartidas que Carmen Martín Gaite situó en Cádiz y en Madrid, lugares tan presentes en su vida cuando la escribió.
Carmen, Carmiña, Calila, nació hace cien años en Salamanca. El otoño que pronto va a comenzar se llenará de su recuerdo en varios lugares de España. De Cádiz, Carmiña se llevó consigo la luz, un puñado de recuerdos y la amistad de varios escritores.
Esta es la lista de sus amigos y conocidos gaditanos: Carlos Edmundo de Ory, Fernando Quiñones, Mercedes Formica, José Manuel Caballero Bonald, Marisol Dorao, Carlos Castilla del Pino, Josefina Junquera o Julián Oslé. Tal vez también conociera a Julio Diamante y a otros más.
Ignacio Aldecoa y Carlos Edmundo de Ory
El escritor Ignacio Aldecoa fue una figura clave en la vida y en los inicios literarios de Carmiña. Compañeros de universidad primero en Salamanca y después en Madrid, Aldecoa presentó a la escritora en ciernes a sus amigos: Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre o Rafael Sánchez Ferlosio, entre otros.
En el grupo estaba Carlos Edmundo de Ory, que poco después se trasladaría a vivir a Francia pero que entonces compartía pensión con el escritor vasco.
El impulsor del Postismoera “lo más vanguardista que se paseaba por Madrid, si exceptuamos a [la actriz aragonesa] Mayra O’Wisiedo”, escribió Carmiña en uno de los textos que ha espigado José Teruel en su premiada biografía de la escritora.
Eran autores que publicarían en la Revista Española entre 1953 y 1955. Carmiña no se sentía muy atraída por la vida universitaria. Quería ser escritora. Su primera novela corta, El Balneario, ganaría el Premio Café Gijón en 1954.
“Ese afecto tan largo y seguro”
Fernando Quiñones se fue a vivir a Madrid tres años más tarde de que lo hiciera Carmen, en 1951. Allí la conoció. Y también a quien sería su marido a partir de 1953, Rafael Sánchez Ferlosio.
En la biblioteca de la Fundación Fernando Quiñones en Chiclana de la Frontera (Cádiz) se conservan algunos libros que la escritora dedicó a Fernando y a Nadia Consolani, el primero de ellos un ejemplar de El Balneario, dedicado a Fernando el 14 de junio de 1955.
Aquel fue el año en el que murió Miguel, el primer hijo de la pareja Ferlosio-Gaite, a los siete meses de nacer. La amistad entre ambos debía ser ya sólida. Carmiña recordaba en 1998 en un artículo en ABC, publicado tras la muerte de su amigo, cómo les ayudó en aquel trance:
“Poca gente sabe, por ejemplo, que El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio nunca habría visto la luz si Fernando Quiñones, que era un experto mecanógrafo, no se hubiera plantado en casa, pendiente de los humores del amanuense y disponible a cualquier hora para copiar alquel texto que se había vaciado de ilusión” tras la muerte del hijo.
Y añade: “Solamente si con la razón nos arrancaran la memoria podría olvidarme de una cosa así”. La Fundación chiclanera guarda una fotocopia del artículo.

Foto: Santiago Pérez
Libros compartidos
La Fundación Martin Gaite dispone de un inventario de la Biblioteca de Carmiña. Allí conservan, según esta lista, una decena de libros de Fernando, varios de ellos dedicados y también un ejemplar de la revista Caleta.
Y viceversa en la biblioteca de la Fundación Quiñones. La dedicatoria del ejemplar de Entre visillos dice “Para Fernando Quiñones, esperando que volvamos a ser primos. Carmiña, Madrid, Febrero 1958”.
José Teruel, investigador de la vida y obra de la escritora, ha señalado el carácter “íntimo” de la amistad entre ambos, una relación estrecha que se mantuvo durante toda la vida.
En marzo de 1998, unos meses antes del fallecimiento del gaditano, Martín Gaite participó en unas jornadas dedicadas a su trayectoria literaria. En su intervención lo definió como “el amigo generoso”.
De aquella reunión han quedado por escrito algunos recuerdos, como la recomendación de Fernando y Nadia a unos recién casados Rafael y Carmen de visitar Italia en su viaje de novios, o el baño de mar frente a la Alameda del que disfrutó Carmiña a iniciativa del gaditano.
Lo cuenta la periodista Ana Rodríguez Tenorio en el artículo Crónicas de una despedida incluido en el libro Si yo les contara… Estudios sobre Fernando Quiñones (2020), coordinado por los profesores de la Universidad de Cádiz José Jurado, Alberto Romero y Nieves Vázquez.
En aquel encuentro, que presentó el actual director de la Fundación Quiñones, el escritor Juan José Téllez, el autor de Las crónicas del 40 agradeció a su amiga “ese afecto tan largo y seguro” y esa “amistad de ratos también difíciles”.
Introduciendo a Hortensia Romero en Madrid
Carmiña y Fernando compartían una visión parecida de la literatura, al menos en cuanto al estilo de narrar, que fuera diáfano y compresible, respetuoso con el lector, y también una concepción vitalista y alegre de la existencia (la distinción entre ser serio y ser formal que hizo la escritora en uno de sus artículos es clarificadora).
Durante varios años ella publicó reseñas literarias en Diario 16, recopiladas por José Teruel en el volúmen Tirando del hilo (2006). Los libros de Fernando eran apreciados en ese espacio periodístico que pretendía hacer de la reseña literaria una invitación a la lectura.
Valoró la recopilación de relatos El viejo país y la novela Las mil noches de Hortensia Romero, finalista del Premio Planeta, que ganó Manuel Vazquez Montalbán con Los Mares del Sur.
La Fundación Martin Gaite conserva una foto de ambos escritores (que encabeza este reportaje) en la presentación en el Hotel Ritz de Madrid de los premios Planeta de aquel año, imagen que también fue incluida en el documental La reina de las nieves realizado en 2020 por RTVE con guión y dirección de Mariela Artiles.
La relación no se limitaba geográficamente a Madrid. Acompañada de su segunda hija, Marta, Carmiña pasó el mes de agosto en 1969 y en 1970 en El Puerto de Santa María, dónde tenía una casa la historiadora María Cruz Seoane. Las hijas de ambas eran también amigas.
Duelo de leyendas en la Venta de Vargas

Foto: Biblioteca Digital de Castilla y León. Dominio Público.
Ella escribió que fue en 1970, un año antes según el escritor Félix Grande, también testigo de aquel acontecimiento histórico que algunos han calificado como legendario: el encuentro por fandangos entre Manolo Caracol y José Monge Cruz “Camarón de la Isla” en la Venta de Vargas de San Fernando.
Carmiña lo relata en una de sus conferencias, recopiladas por Anagrama en Pido la palabra (2002):
“Yo recuerdo haber oído en el año 70 en la Venta de Vargas, cerca de Cádiz, a un Manolo Caracol a quien quedaba poco tiempo de vida. Yo estaba allí con Fernando Quiñones, Félix Grande y otros amigos (…). Alternaba su iluminada improvisación con la de otro joven de unos dieciocho años que, a la manera de una lucha de esgrima, le devolvía la cuchillada de sus coplas. Este joven, según supe al día siguiente, se llamaba Camarón de la Isla”.
Carmiña, famosa por su querencia a anotar en sus cuadernos todo lo que iba viendo y se le ocurría, tuvo la tentanción de anotar una de las coplas que se cantaban allí referida a la fuga de un preso:
“(…) me pareció tan emocionante que saqué un pequeño bloc con ánimo de apuntar la letra. Fernando Quiñones me detuvo con viveza. “Eso no se puede hacer aquí”, me dijo. Hacia la madrugada ya me había dado cuenta de que aquello había sido una fiesta irrepetible”.
Años difíciles
Otro de los amigos gaditanos de Carmen Martín Gaite fue el historiador Julián Oslé. Una amistad de características diferentes y en unos años dífíciles para la escritora debido al fallecimiento en 1985 de su segunda hija Marta.
Josefina Junquera, responsable de la Fundación Municipal de Cultura la invitó en 1988 a participar en el programa Lunes y Letras y la escritora accedió.
Oslé había acabado aquel año la preparación de su libro Cádiz, 1900, en las fotografías de Ramón Muñoz, que recoge el legado fotográfico de su abuelo y le pediría a Carmiña, sin conocerla de nada, que le escribiera el prólogo.
En un primer momento la escritora se mostró reacia, pero algún tiempo después le envió desde Madrid el prólogo que abre el libro, agotado desde hace varios lustros.
Había empezado entre ambos una relación espistolar y telefónica que se prolongó varios años, hasta mediada la década de los noventa, y en la que compartieron también temporadas en varios lugares de la provincia como Tarifa o Sanlúcar de Barrameda.

Foto, cortesía de Julián Oslé.
“Fueron unos años muy intensos de relación y a mí me pareció muy interesante porque todo estaba reflejado por carta”, explica Julián Oslé.
Una novela con nubes de Cádiz
El historiador ha seleccionado varias de estas cartas, fotografías y collages en un libro que ha publicado en homenaje a la escritora titulado Carmiña. Correspondencia.
En alguna de estas misivas le cuenta cómo avanza la escritura de su novela Nubosidad variable, que tiene pasajes que discurren en varios lugares de la provincia y en los que Oslé dice reconocerse:
“Ella se inspiró en mi relación y en esos años en Cádiz para escribir su novela, que la tenía en ciernes pero que no encontraba cómo darle forma, pero al final se la dió, que es Nubosidad variable”, afirma.
Y añade: “Yo me reconozco en un montón de personajes y también reconozco a mucha gente que coincidíamos en esa época”.
Aquel año de 1988 Carmen recibió el Premio Principe de Asturias de las Letras ex-aequo con su amigo el poeta José Angel Valente.
Oslé vivió el acontecimiento cerca de la escritora y de otros amigos de su círculo de entonces como la actriz Luisa Martín, el cantautor Alberto Pérez o el actor y director teatral Joan Llaneras, con quienes aparece en algunas de las fotografías incluidas en el libro.
Playas, música y teatro
El historiador, que entonces trabajaba en la Fundación provincial de Cultura propició que la escritora acudiese al Festival de Música Folk que se organizaba cada verano en Tarifa impulsado por el músico Francisco Vergara.
Unos años antes, había pasado temporadas en Tarifa su hija Marta con Carlos Castilla, hijo del famoso psiquiatra y escritor de San Roque y que como la hija de Carmiña, falleció como consecuencia de problemas con las drogas. La heroína y el sida hicieron estragos en la juventud de los ochenta y noventa.
Para Carmiña fueron años, en la medida que la pérdida de una hija pueda permitirlo, de reconstrucción de su propia vida, a menudo lejos de la vorágine urbana de una gran ciudad como Madrid y de la casa familiar de Doctor Esquerdo.

Imagen cortesía de Julián Oslé.
La autora salmantina conocería también otras localidades de Cádiz, entre ellas Sanlúcar de Barrameda, tan afín a José Manuel Caballero Bonald, uno de los autores destacados de su generación y de quien se conservan en su biblioteca personal varios libros, por ejemplo un ejemplar autografiado del poemario Descrédito del héroe .
En Sanlúcar, bajo la dirección de Joan Llaneras, Carmen Martín Gaite preparó una versión teatral de El marinero de Fernando Pessoa que se representó en 1990 en el Teatro Principal con los papeles principales interpretados por Maite Brik, Blanca Marsillach y Luis Martín.
Fueron estos años en compañía de Julián Oslé los que permitieron a Carmen Martín Gaite conocer con más detalle la provincia.
“Yo, que tan hermana me sentí de Celia”
Carmen Martín Gaite se crió, como tantos niños que vivieron durante la Segunda República, con las aventuras de Celia y su hermano Cuchifitrín, una niña razonablemente rebelde perteneciente a una familia burguesa de la época, los Gálvez.
El personaje había sido creado por la escritora Encarnación Aragoneses, que firmaba sus novelas como Elena Fortún. Y aunque Celia permaneció en la memoria de aquella generación de los niños de la guerra, su creadora y su marido tuvieron que exiliarse al acabar la guerra civil.
Fue una profesora de literatura gaditana, Marisol Dorao, quien rescató para la España democrática la figura de Elena Fortún, Encarnación Aragoneses.
Martín Gaite había empezado a investigar sobre Elena Fortún en 1987, según contó ella misma en una de sus conferencias, en la que relata que fue entonces cuando tuvo noticia de Marisol Dorao:
“Conocí también a la profesora Marisol Dorao y supe que estaba preparando una biografía en profundidad sobre Elena Fortún. Sigue en ello, Esta ha sido la principal razón que me ha hecho desistir de acometer yo un empeño que ya tenía copyright”.
“Desear el mayor éxito” a Marisol Dorao
Carmiña no solo era una escritora que había recibido premios literarios importantes como el Nadal, sino también había dedicado muchos años a una investigación histórica que tuvo como frutos libros sobre el siglo XVIII (tan caro a Cádiz) español como El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento o Usos amorosos del dieciocho en España.
Sin embargo tuvo la elegancia y la honestidad de no solapar su interés personal en indagar sobre este tema al trabajo investigador que ya venía haciendo desde tiempo atrás la profesora gaditana. Añadía en la conferencia citada antes:
“Aprovecho desde aquí la ocasión para desear el mayor éxito al trabajo en curso de Marisol Dorao, a quien ya de entrada tenemos que agradecer su tesón para conseguir el último manuscrito de Elena Fortún”.
Fue el personaje de Celia quien propició la amistad entre Carmiña y Marisol Dorao. Esta terminó la biografía, que se titula Los mil sueños de Elena Fortún y que en su página de agradecimientos está también incluida Carmiña: A Carmen Martín Gaite, que me comunicaba cualquier dato que pensaba que me podía interesar.
Una escapada al sur
“Ellas se vieron en Madrid mucho durante el rodaje de la serie”, explica su hija Marisol Pérez Dorao, muy conocida en Cádiz por ser la responsable de la Cámara oscura de la Torre Tavira.
“Recuerdo una vez un homenaje a Borao en el Palace. Fuí con mi madre acompañándola y estaba allí todo el mundo relacionado con la serie y con las artes en Madrid”, recuerda.
La hispanista Nuria Capdevila-Argüelles, especialista en la obra de Elena Fortún, comenta que no hubo mucha relación entre ambas escritoras más allá del la que propició el rodaje de Celia y que en fue más estrecha con Borau, que llegó a estar invitado a la boda de uno de sus hijos, que con Carmiña.
Una relación, en todo caso, situada geográficamente más en Madrid que en Cádiz, explica su hija Marisol. Así ocurrió también con la mayoría de los amigos citados en este reportaje, desde Carlos Edmundo de Ory a Fernando Quiñones.
No obstante, Cádiz, sin tener la importancia que para Carmiña supusieron Salamanca, Madrid o la localidad natal de su madre, San Lorenzo de Piñor (Orense), gracias a estas amistades y a sus escapadas al sur, forma parte de su biografía personal y literaria.
