Sus fotografías tienen la autenticidad de lo real, del momento decisivo capturado por la cámara, lo que da a su trabajo una frescura que lo eleva por encima de los escorzos técnicos actuales, más interesados en llamar la atención que en capturar ese instante único.
Y son también reflejo de la personalidad de su autora, Isabel Steva, Colita (Barcelona, 1940–2023), cuyas fotografías sobre arte y artistas pueden verse este año en el Centro Niemeyer de Avilés (Asturias) en una exposición comisariada por el director y heredero de su archivo, Francesc Polop.
Para hacerse una idea de su concepión de la fotografía cabe recordar una frase que ella acostumbraba a repetir en las entrevistas que le hacían: “El blanco y negro es el fiel telegrama de la realidad, no miente… esto es lo que hay; yo lo encuentro más elegante y más auténtico”.
Imágenes icónicas de la cultura
Esta declaración forma parte del documental póstumo que hizo RTVE en 2024 para la serie Imprescindibles bajo la dirección de Elisabeth Anglarill y Hortensia Vélez.
A lo largo de casi una hora, con testimonios de la propia fotógrafa y de sus amigos y admiradores, muchos de ellos objetivo de sus cámaras, el documental retrata la personalidad y la trayectoria profesional de la que, posiblemente, ha sido hasta la fecha la mejor fotógrafa que ha trabajado en este país.
El hecho de que muchas de sus fotografías se hayan convertido en imágenes icónicas de la cultura en España podría corroborarlo: la portada del disco Mediterráneo de Joan Manuel Serrat o el retrato de Gabriel García Márquez tocado con un ejemplar de Cien años de soledad abierto son dos ejemplos reveladores.

Y sin ser tan conocidas, también nos ha legado numerosas imágenes que documentan de una forma personalísima la historia del España en la segunda mitad del siglo XX. Podrían citarse muchas, pero relacionando a la fotógrafa con Cádiz, hay que destacar la imagen que capturó de Rafael Alberti con el bailarín Antonio Gades en 1968 durante el exilio del primero en Roma.
La clave flamenca
Colita llegó a Antonio Gades tiempo después de adentrarse en el mundo del flamenco, que la impactó de una forma profunda viendo bailar a Carmen Amaya durante el rodaje de la película Tarantos de Francisco Rovira Veleta.
El director la había contratado para que fotografiara la figuración de la película en los barrios chabolistas gitanos barceloneses de Montjuïc y Somorrostro. Fue su primer trabajo profesional, en 1962, y fue allí dónde conoció a la bailaora, la primera persona famosa que le pagó por sus fotografías.
El impacto de la forma de bailar de Amaya y de aquella experiencia le acompañó toda su vida.

Buena prueba de ello es el libro Luces y sombras del flamenco publicado más de una década después, en 1975 y hoy, además de mítico o de culto como dicen algunos, inencontrable.
En aquel trabajo, escrito por el jerezano José Manuel Caballero Bonald, la fotógrafa retrató a muchas de las figuras legendarias que han pasado a la historia del flamenco: Antonio Gades, Cristina Hoyos, La Chunga, Vicente Escudero, Antonio Mairena, Juan Talega, La Piriñaca o Enrique Morente, entre otros.
También este otro arte
Pero ella tocó muchos otros palos, como la música, el cine y también el arte plástico.
Una de las series fotográficas únicas que pueden verse en la exposición abierta en el Centro Niemeyer de Avilés documenta la creación y destrucción de una obra bajo la dirección de Joan Miró. Sin sus fotografías y las de Francesc Catalá-Roca, solo quedarían palabras de aquel acontecimiento.
La organización de la muestra lo cuenta así:
“Otro Miró, originalmente titulado Orim (Miró escrito al revés), fue una exposición retrospectiva del pintor Joan Miró organizada por el Colegio Oficial de Arquitectos de Catalunya (COAC) en Barcelona en 1969.
Comisariada por el Studio PER, se le propuso a Miró realizar una intervención consistente en pintar un mural sobre las ventanas de la planta baja del edificio. La acción sería una pieza de arte efímero y colectivo: un happening entre el arte conceptual y el pop art.
Miró aceptó entusiasmado. Asignó cuatro colores (amarillo, verde, azul y rojo) para que los participantes pintaran lo que quisieran. Él se reservó el negro, que aplicaría con una escoba sobre lo hecho por los demás.
Ver a Miró destruir su propia obra supuso un shock
La acción comenzó durante la noche del 26 al 27 de abril y concluyó con la intervención de Miró en la madrugada del 28 de abril. Se pintaron 21 vidrieras, cubriendo unos 70 metros cuadrados de superficie.
El acto de destrucción tuvo lugar el 30 de junio, coincidiendo con la clausura de la exposición. Miró comenzó a borrar la obra con disolvente y escoba, ayudado por el arquitecto Óscar Tusquets, el galerista Joan Prats, estudiantes de arquitectura y críticos de arte. Más tarde, se incorporaron las mujeres de la limpieza para completar la operación.
Fue una pieza efímera que, como acto de contracultura, el artista decidió destruir. Ver a Miró destruir su propia obra supuso un shock para mucha gente, un impacto que desafió las convenciones artísticas y la especulación económica: una ruptura radical con el sistema de valores establecido”.
Revelar en el lavadero
A Colita le encantan los terrados de Barcelona, lo que aquí se llamaz azoteas. Su primer cuarto oscuro fue un lavadero en uno de estos terranos, desde donde apuntaba con su cámara alrededor como si fuera un vigia de la ciudad.
Después vinieron ya su trabajo profesional, su fama y reconocimiento, que puede reconocerse con facilidad en su biografía:
Isabel Steva, más conocida como Colita, recibió su nombre de su papá quien, como a tantos niños y niñas de su época, le contó que había nacido debajo de una col.
Barcelona, su amada, su amiga, se convirtió en el plató donde personajes de toda condición y género fueron objeto de su mirada. Desde sus inicios, se acercó a maestros tan importantes como Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Francesc Català-Roca y Leopoldo Pomés.
De la mano de su mentor y amigo Paco Rebés, se aproximó al mundo gitano de Montjuïc y el Somorrostro, al Barrio Chino de Barcelona, a Las Ramblas, a la idiosincrasia de la ciudad y de quienes querían explicarla: Ana María y Terenci Moix, Jaime Gil de Biedma, Juan Marsé…
Oficio de periodista
Su instinto, su curiosidad y su espíritu periodístico hicieron que su galería de retratos fuera inmensa y, en muchos casos, desconocida: retratando a personajes que van de Ocaña hasta Gabriel García Márquez, Orson Welles, Joan Miró, Salvador Dalí o Carmen Amaya.
Colita retrató y formó parte de movimientos como la Gauche Divine, la Escola de Barcelona o la Nova Cançó. Colaboró con publicaciones como Interviú, Fotogramas, Cuadernos para el diálogo, Tele/eXprés, entre otras. Con sus cámaras a cuestas, salió a la calle, comprendiendo que la Transición democrática fue un momento irrepetible del que había que dejar constancia gráfica: el encierro de intelectuales en Montserrat, la muerte de Franco, las manifestaciones políticas, el feminismo…
En sus más de cuarenta años de profesión, realizó más de cincuenta exposiciones y publicó más de setenta libros. Su obra se halla en colecciones tan importantes como la del Museo Nacional de Arte de Cataluña o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Le concedieron, entre otros premios, la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Barcelona, el doctorado honoris causa por la Universidad de Bellaterra, la Creu de Sant Jordi, el Premio Nacional de Fotografía, el Premio Bartolomé Ros y la Medalla de Oro a las Bellas Artes por su trayectoria profesional, o el que sería su último premio poco antes de morir: Ofici de periodista, otorgado por el Colegio de Periodistas de Catalunya.
Colita falleció en Barcelona el 31 de diciembre de 2023.
Exposición “Colita. Arte y Parte”
Centro Niemeyer. Avda del zinc, s/n. Avilés (Principado de Asturias).
Hasta el 11 de enero de 2026
Horarios*
Del 26 de junio al 7 de septiembre: lunes a domingo, 11:00 a 14:00 y 16:00 a 20:00
Del 8 de septiembre al 19 de octubre: lunes a domingo, 11:00 a 14:00 y 16:00 a 19:00
Del 20 de octubre al 11 de enero: miércoles a domingo, 11:00 a 14:00 y 16:00 a 19:00
*Los horarios pueden verse modificados debido a la actividad del Centro.
Foto Cabecera: La escritora Ana María Matute en Sitges en 1974. Foto: ©Archivo Colita
