En eso consiste una subasta benéfica: en comprar un poco de esperanza. Que la obra de arte sea valiosa o no, tenga un elevado precio o no, es lo de menos.
En la subasta de la que escribo había dos tipos de puja, una a viva voz, acuciada por la prisa, esa táctica de la mercadotecnia tan vigente siempre, el “corre o te quedas sin él”, sin la oportunidad, la ocasión del buen precio, la ganga.
La otra puja, silenciosa, hecha a mano con lápiz sobre una tabla escalonada impresa en papel y sujeta a la pared junto a cada cuadro, cada escultura. Un poco subrepticia o clandestina, porque protege con un número la identidad del comprador que inevitablemente se desvela en la viva voz (él o ella o su agente).
¿Quién puja en una subasta benéfica?
Esta subasta a mano, más espaciosa, remolona y atenta a las obras expuestas al potencial comprador, que puede observar con detalle lo que ya ha observado antes durante los días que han estado colgadas en las paredes del Centro Integral de la Mujer de Cádiz, dónde se celebran las pujas un viernes de abril.
Fuera, las calles y los cafés del centro de Cádiz están abarrotados en una deliciosa tarde de primavera. Dentro… ¿quién va a pujar a una subasta benéfica pudiendo estar en otro sitio?
Hay de todo, una curiosa mezcla generacional de señoras mayores bien vestidas que siguen con atención las pujas y un grupo de jóvenes y no tan jóvenes dispuestos a alzar la mano cuando se presenta la ocasión, ya sea una fachada de Enrique Cabanillas o uno de los coloridos abanicos decorados por Tony Carbonell.
Aquí no se apuesta por una obra de arte, aquí se apuesta por aumentar la esperanza de las familias que se organizan en torno a la Asociación Gaditana de Espina Bífida e Hidrocefalia.
Pero esto, ¿qué es?
¿La espina bífida? Sobre cada uno de los asientos de la improvisada sala de subastas se ha colocado un tríptico explicativo. Porque está bien recaudar dinero para una causa benéfica, pero no es menos importante informar con rigor del problema médico al que se enfrentan estas familias. Es como ir colocanndo las traviesas y railes sobre los que va a circular el tren, lo básico.
Leo en el impreso:
“La espina bífida es una malformación congénita del tubo neural, que se caracteriza porque uno o varios arcos vertebrales posteriores no han fusionado correctamente, de manera que la médula espinal queda en ese lugar sin protección ósea”.
Y esto ¿qué significa? ¿qué consecuencias tiene para quién lo padece?
Sigo leyendo, más adelante, una lista cuando menos inquietante:
“Pérdida de sensibilidad por debajo del nivel de la lesión. (…) Debilidad muscular por debajo del nivel de la lesión. (…) Alteración de los músculos de la vejiga y de los intestinos. (…) Hidrocefalia. (…) Otras secuelas.”
Para un niño o una niña que tienen que crecer con esta malformación, el apoyo de la familia es fundamental, y para las familias, la existencia de una asociación como esta, no tiene precio.
Mucho más que arte
Por eso quien puja en esta subasta anual en realidad lo que hace es comprar un poco de esperanza, esperanza para que esta malformación sea declarada una malformación congénita crónica, esperanza en la protección integral de quienes la padecen o esperanza en poder concienciar a la sociedad de las implicaciones que tiene en el día a día.
Así el primer objetivo: recaudar todo el dinero posible.
No deja uno de admirarse de un dato: había más pintores (unos setenta) donando desinteresadamente sus cuadros y esculturas que personas pujando por ellas (se podían contar con los dedos de ambas manos, dedo más o menos).
Un dato que rompe con esa idea del artista encerrado en su torre de marfil, preocupado exclusivamente por las excelencias de su arte, ajeno al devenir cotidiano de la ciudad y la gente con la que vive. Simplemente, no es verdad. Alguno habrá, pero no creo que estuviera en la nómina de donantes.

De la generosidad y otras virtudes de la cultura
Como maestro de ceremonias oficiaba el pintor Cecilio Chaves, con el apoyo de la presidenta de la AGEBH, María Luisa Valderrama.
Había otros pintores en la sala como Pepe Palacios o María Antonia Colón, con quienes pude conversar un rato. Ambos, me contaban, no iban a pujar. Sencillamente, entre obras propias y otras de amigos o adquiridas en ocasiones anteriores, no tenían sitio en casa donde colocar un cuadro más.
Cecilio Chaves, en cambio, sí pujó y adquirió algunas obras. Incluso se sobrepujó a si mismo ante la falta de concurrencia competitiva, viendo que las obras que se llevaba (y que también recomendaba comprar como objeto de regalo) merecían un precio más alto.
Una misteriosa Judit pujó en varias ocasiones a través de internet (la subasta se transmitió en redes sociales). La organización comentaba que lo hacía desde el estado norteamericano Alabama.
Hubo quien pujó en pareja, una de ellas al unísono, otra compitiendo en las posturas para elevar el precio de la adquisición que pretendía la pareja. Todo resultaba muy familiar.
La esperanza no tiene precio
Los precios de las obras a subasta eran más que asequibles. Las más caras no llegaban a 400 euros, y las más baratas apenas 5.
Nada que ver con el mercado de arte profesional en España cuya venta más sustanciosa en 2024 fue una obra de Keith Haring, única que superó los 500.000 euros. Estamos hablando de un mercado que en 2020, antes de la pandemia, registró ventas superiores a los 300 millones de euros.
Nada de eso existía en la improvisada sala de subastas gaditana. Aquí el dinero fue simple y redonda generosidad. Pero ¿quien se atrevería a poner precio a la esperanza?
Hubo obras que no se vendieron. Los artistas que las donaron saben que no las van a recuperar. Quedan en depósito en la asociación para futuras subastas.
Y muchas dosis de autoironía de Celicio Chaves cuando salió a la puja una reproducción de una de sus obras que presentó como obra de “un autor un poco desconocido”, ironía que también dedicó a Pepe Palacios al presentar uno de sus típicos paisajes de esteros gaditanos: “muy original de Pepe, no me lo esperaba”.
Buen humor, buenas caras y buen ambiente. Oscar Wilde escribió en cierta ocasión que “el artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte”. Este viernes de primavera en Cádiz fue un ejemplo perfecto.
