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Leemos como lee ya muy poca gente

Imagen del escritor Álvaro Pombo

El próximo 23 de abril, día del libro, el escritor santanderino Álvaro Pombo recibirá el Premio Miguel de Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

En estos tiempos en lo que se lee (poco o mucho) más bien mal, salvo eruditas y contadas excepciones, el prestigio de este premio es una invitación a adentrarse en una bibliografía literaria (la de los premiados) de indudable calidad sin yerro posible.

Una de las realidades que enseña la literatura a sus amantes es la necesaria asunción de la humildad, el reconocimiento amargo de que los seres humanos somos limitados y, en el caso de los libros, la imposibilidad de leer todo lo que nos interesa.

El lector del siglo XXI se enfrenta a una abundancia de títulos publicados nunca vista antes en la historia de la humanidad, tanto los que conocemos como los que aún ignoramos, ya sean del presente (librerías), del pasado (bibliotecas) y del futuro (proyectos editoriales).

A la gran mayoría de lectores esto les importa un bledo; simplemente buscan un rato de entretenimiento que combinar con su serie favorita o su paseo diario por internet o por las calles de la ciudad o el pueblo.

Territorio lector propio

Creo que no es mi caso y creo que no soy el único lector que tiene una consideración diferente de la literatura: espero que los libros me enseñen algo de los demás y de mí mismo como personas de carne y hueso que somos, también de la época que me ha tocado vivir, y de las épocas pasadas que han cimentado la historia de la civilización.

Desde este punto de vista se reduce mucho el número de títulos y autores por leer. Pero aún así son muchos los libros y pocos los prescriptores de confianza.

Un método para manejar esta situación (cada cual puede tener el suyo propio) consiste en construir (parafraseando el título de Virginia Woolf, aunque con otro sentido) un territorio lector propio, elaborar una especie de mapa que incluya nuestros temas favoritos, autores, géneros, intereses y épocas.

Al principio, este mapa será pequeño y de fronteras difusas, pero irá creciendo con nuestros descubrimientos y su periferia se irá perfilando con mayor nitidez.

No hay que centrar la ambición lectora en el número de títulos leídos cada año, en el número de páginas de la obra (sí, aún hay gente que se fija en eso), en la moda del momento o en las lucecitas de colores de las estanterías.

El resultado visible de ese mapa es la biblioteca personal, en la que siempre habrá libros pendientes por leer, sí, pero que funcionará como piedra de toque que nos ayudará a elegir y a descartar en cada momento lo que cabe o no en ella.

Esta forma nuestra de leer

Como escribía al comenzar, el Premio Cervantes es un buen prescriptor, una buena fuente de bibliografías que añadir a nuestro mapa. Con este criterio, este año que comienza he añadido al mío a Álvaro Pombo. Y, como era de esperar, no me ha decepcionado.

En la biblioteca de casa estaba desde hace casi 30 años su novela Donde las mujeres, un libro destinado entonces a otra persona y al que no presté más atención, hasta ahora.

Acabada la lectura puedo decir que ya están en mi territorio lector propio, entre otras razones porque en todos estos años se ha ido formando en mi mapa un hueco destinado a su forma de ver y de narrar.

En la novela una de las protagonistas pronuncia una frase redonda, una de esas frases capaces de contener un mundo: “Vivimos como vive ya muy poca gente”.

Algo parecido ocurre en mi caso y quizá a los lectores que piensen de forma parecida a la mía: Leemos como lee ya muy poca gente.


Cabecera: Álvaro Pombo, foto RAE (cc by-nc-nd)

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