La escritora gaditana María de los Ángeles Robles acaba de publicar su segundo libro titulado Paisaje interior (Renacimiento, 2024). Quienes no la hayan leído todavía y anden buscando en su peregrinaje mundano un lugar en el que merezca la pena detenerse, están tardando en adquirir este libro y en leerlo con el detenimiento que merece.
No es un poemario, pero su lenguaje es poético; no es una narración, pero hay en sus palabras una historia veteada que se va descubriendo como quien admira los juegos de luz y sombras de Tanizaki; tampoco es exactamente una crónica, aunque la balanza escore sus sentencias, unas veces hacia un tiempo, otras hacia el contrario.
Hay someras descripciones de todos esos pequeños detalles que dan forma a una vida, a todas las vidas que se alimentan dentro de cada ser. Y todas ellas forman un paisaje natural, ligado a la naturaleza y a los fenómenos y seres que habitan en ella.
Este paisaje se ha ido asentando en el interior de la autora en la última década (fecha de su anterior libro, y aún antes diría yo), y lo ha ido sembrando aquí y allá con la lentitud y la serenidad de quien dibuja los caracteres del shodō, el arte de la caligrafía japonesa.
Japón no es un lugar

O tal vez sí; más bien es un espacio geográfico que excede de los límites fronterizos de sus islas, que alcanza mucho más allá gracias a la sencillez de su arte, de su literatura, de sus misterios, de su delicadeza, de su perversión o de su belleza.
Hace algunos años el escritor José Manuel Benítez Ariza regaló a Robles un libro titulado Kokoro, escrito por Lafcadio Hearn y a partir de ese momento empezaron a florecer todos los cerezos que vivían escondidos en la escritura de la autora gaditana.
Hearn, un británico expatriado en Grecia, donde nació y vivió una infancia desdichada, fue uno de los primeros autores occidentales en describir la vida del Japón, cuando este país llevaba siglos cerrado a la presencia de extranjeros.
Para Robles fue la puerta de entrada a un mundo y a una cultura tan desconocida entonces como hipnótica y reveladora. Como ella misma dice, los libros tienen hilos conductores que te llevan de un autor a otro, de un título al siguiente, casi todos ellos en su caso, referidos a este país asiático y a sus creadores.
Huir del ruido
Y en ese peregrinaje fue adentrándose y dando a conocer sus hallazgos y sus impresiones en un blog llamado El Japón de los libros. El que esto escribe fue uno de los muchos lectores embaucados con la la belleza de aquellos textos y de aquellas breves historias que transcribían para nosotros, deslumbrados occidentales ignorantes, el espíritu de aquel país.
Y de El Japón de los libros nació también el primer libro de la autora, Una senda en la penumbra (La isla de Siltolá, 2014), un libro en el que “he intentado huir del ruido” escribía entonces.
Ya en el prólogo apuntaba que si hay un el estilo literario japonés, ha ido convirtiéndose en parte de su propia forma de escribir: “las anotaciones de este dietario (…) aspiran a reflejar el estilo alusivo, elíptico y sugestivo que caracteriza gran parte de la literatura japonesa”.
En Paisaje interior continúa reflejando ese estilo en el que la brevedad y la sencillez animan a la introspección, la pausa y el pensamiento, al disfrute simple de esa belleza que las palabras pueden construir en la mente de cualquier lector.
Y a segundas y sucesivas lecturas. En cierto modo, es también un libro completamente distinto. Como escribe la autora en sus primeras páginas: “La senda que cruzamos ya no es la misma”.

Un encuentro casual
Como la vida es tan poética como anodina, resultó que el día de la presentación de este Paisaje interior nos encontramos sin querer el que iba a ser esa tarde el introductor de la obra, Óscar Lobato, y yo. En el centro de salud, al que habíamos acudido por distintas aunque igualmente prosaicas necesidades vitales.
Llevaba días preguntándome –y aproveché la ocasión para preguntarle directamente– qué iba a decir un escritor como él, cuyas novelas de intriga habrán leído ustedes, tan hábil en construir narraciones que te atrapan y en revelar informaciones sorprendentes, de una obra que se acerca más a la poesía de lo cotidiano que al relato de lo extraordinario.
Lo que pasó lo saben bien quienes estuvieron en la presentación, enmarcada en las actividades de la Fundación Ory, entre ellos escritores como José Ramón Ripoll, José Manuel Benítez Ariza, Alicia Domínguez o Paco Ramos, entre los que advertí o conocía.
Periodistas como Ángeles Peiteado; pintores como José Alberto López, a quién está dedicado el libro (en letras de imprenta); el librero Juan Manuel Pérez Fernández y su esposa Mari Pérez Sucino, con quienes tuve el placer de compartir, junto a la periodista Salud Botaro, un rato de conversación mientras hacíamos cola para que Ángeles nos firmara el libro.
En breves palabras: lo de Óscar Lobato fue puro oficio periodístico; es decir, una singular entrevista entre ambos que pueden escuchar íntegra en el audio que inserto a continuación.
Además de la información detallada de cómo se gestó Paisaje interior, de cómo está escrito, encontrarán apuntes sobre la cultura japonesa y su historia, y en algunos algunos tramos tanto Óscar Lobato como Ángeles Robles recitan fragmentos del libro escogidos por ellos mismos.
Paisaje interior. Mª Ángeles Robles.
Renacimiento, 2024.
