El vuelo de una cometa invita a la paz y el ensueño. Me gusta verlas puntear el aire, sacudirse en las alturas con su ligereza frágil y efímera, oír como la brisa sacude las copas de los árboles o las olas rompen en la orilla como una melodía de una sola nota.
La sencillez de una cometa se remonta a tiempos antiquísimos, cuando volar era un deseo inalcanzable, salvo la excepcional ilusión del tacto de un hilo y una mirada al cielo.
Al regresar de Oriente de su viaje medieval, Marco Polo tituló su crónica El libro de las maravillas. Una de las maravillas era esta voladora de asombros.
Hacer del arte un medio de vida
Los historiadores afirman que fue China el lugar originario de las cometas. Hoy la ciudad de Weifang alberga el festival dedicado más famoso del mundo, que reúne cada primavera a participantes de más de un centenar de paises.
Alrededor de la fabricación de estos artefactos se ha consolidado en la ciudad (nueve millones y pico de habitantes) una industria extraordinaria en los sectores artesano y artístico.
Todas las actividades culturales que rodean a las cometas añaden cada año tres millones y medio de dólares al producto interior bruto de la ciudad y emplean a 100.000 personas, el 40 por ciento de ellas mujeres, según datos de la UNESCO.
El arte tiene valor y precio
Una cometa es un objeto de artesanía. Puede fabricarse industrialmente, pero carece de todo encanto. Proust no habría escrito En busca del tiempo perdido mojando en el té una magdalena industrial.
Cuando un artista vende su obra de arte está vendiendo algo más que el propio soporte; en él está incluido un hilo conductor con la belleza que emociona al comprador, siempre diferente para cada uno, la belleza y el hilo.
No importa que sea un libro, una canción, un cuadro o una cometa. Esa capacidad de enlace es su valor. Pagará por ello quien sepa apreciarlo y quién no, pasará de largo. Pero eso no le resta valor a la obra.
Tiempo de cometas
Las cometas como metáforas de paz y ensueño, como decía, son voladoras que conectan a la perfección con este tiempo septembrino..
Han evolucionado hasta el punto de que ya podemos montar sobre ellas y volar nosotros mismos. Sobre las olas haciendo kite surf (cometa surf) o sobre los árboles en un ala delta o en un parapente, realizando el sueño del polímata malagueño Abbás Ibn Firnas, Ícaro andalusí.
El arte, la cultura en general, siempre será tiempo de cometas. Un hilo para volar. Paguen su precio.
Para saber más: The Art of Kite Flying (1430–1929)
Foto de cabecera: Denise Geelhart
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