Que los libros no hagan mejor persona a todo el mundo no significa que sean unos artefactos inútiles de los que una persona no pueda servirse para, entre otras cosas, mirarse al espejo. Cuando los lee. Las historias o ideas que en ellos han escrito sus autores tienen esa cualidad reflectante. Pero el reflejo que entregan es mucho más sutil que el de los espejos propiamente dichos.
Al leer se mezclan las experiencias del lector y del autor, por eso el resultado de la lectura es único para cada persona que lee. El espejo tiende a personalizarse, por así decirlo. Y es tal la cualidad inteligente del artefacto que la imagen que refleja, los emociones que causa o el consuelo que proporciona es diferente en cada tiempo que se acude al mismo libro.
Hace unos cuantos siglos, antes de la invención de la imprenta, eran objetos de lujo de los que solo podían disfrutar los ricos; la imprenta los fue haciendo más asequibles al bolsillo y también más viajeros, hasta llegar a cualquier rincón del mundo.
En su viaje hacia la mente del ser humano se topó con un gran obstáculo que también tenía que ver con ser rico o con no serlo: sólo podían acceder a sus historias quienes sabían leer. Los analfabetos no podían. Por eso uno de los grandes logros de la humanidad ha sido y es hacer llegar la educación a todos los niños, sean ricos o no.
Podrían tener un inconveniente los libros, que para muchos es un reto que aceptan e incluso buscan, y es que se necesita de cierto esfuerzo mental para leer y para comprender lo que se lee. Y mucha gente no está para eso porque alguien les ha convencido de que la vida es tan fácil como se ve en ese otro espejo que son las redes sociales, en el que los libros son tan decorativos como inútiles.
A mí, cada vez más, esas personas que reniegan de la lectura me recuerdan a la reina malvada del cuento Blancanieves de los Hermanos Grimm, repitiéndose a cada instante ante el teléfono móvil Espejito, espejito mágico, ¿quién es la más hermosa de este reino?.
Imagen de cabecera: Desnudo ante un espejo de Pierre Bonnard – fragmento
