Setúbal está como tendida a la orilla del río, como un nido colocado entre la frondosidad de las ramas de un árbol magnífico. Es una ciudad bella, alegre, amplia, limpia, con plazas anchas en las que, como en la Plaza de Quevedo, hay palmeras viejas, de grandes hojas abiertas y de tronco grande y achatado.
Las casas son de poca altura, con balcones y terrazas, dispuestas para la gloria de su sol y del frescor de agua que hace florecer todo su suelo.
La fundación de la ciudad es fenicia; hermana de Cádiz en su origen, pues sin duda este lugar delicioso entusiasmó lo mismo que él a los asiáticos. Setúbal ha guardado más el carácter de estos primitivos colonizadores; en su playa das Fontaichas se ve un tipo en el que la genealogía camítica ha impreso fuertemente su sello.
Las barquitas pesqueras guardan reminiscencias de los barcos fenicios; son altas de proa, gallardas, de una arquitectura igual a los diseños que nos ha legado la historia de ese pueblo expansivo, creador, que iba extendiendo la civilización y sembrando la guerra al despertar la ambición a su paso.
Noticia del texto
Carmen de Burgos «Colombine» (1867-1932), periodista, corresponsal y viajera incansable, describió los lugares que visitó al comenzar el siglo veinte en su libro «Mis viajes por Europa». En el primer tomo incluyó sus impresiones sobre Suiza, Dinamarca, Suecia y Noruega. En un segundo volúmen incluyó sus descripciones y reflexiones acerca de Alemania, Inglaterra y Portugal. El retazo que reproducimos pertenece a este segundo tomo.
Setúbal, cercana a la capital portuguesa, Lisboa, es una ciudad ribereña del estuario del Río Sado. Tiene una población similar a la de Cádiz y una historia ligada a la navegación y a la pesca. Como Cádiz, sufrió la devastación del maremoto de 1755.
La fotografía de la ciudad que encabeza este retazo fue tomada por Diego Delso desde el Fuerte de San Felipe y distribuida bajo una licencia cc by-sa.
