Yo llamaría jazz de ida y vuelta a lo que hicieron Antonio Lizana y Erik Truffaz en el Festival de Jazz de Cádiz en su revisión del disco Sketches of Spain de Miles Davis, uno de los músicos legendarios del género.
Un estreno que no pasó desapercibido a la curiosidad de los aficionados del género. Y eso que el levante apretaba de lo lindo; malas perspectivas para ir a oír música al aire libre.
Pero no fue suficiente la ventolera para distraer la atención. Se confirmó al acabar el recital: todo el mundo en pie aplaudía a lo que había visto y escuchado esa noche de Santiago de 2025: un concierto diferente, espectacular y memorable.
Repetirán en plazas mayores y con cronistas de mayor renombre, pero el privilegio de la primera vez lo hemos tenido solo los aficionados de Cádiz y quienes visitan la ciudad estos días de verano y no quisieron perderse el estreno.
Músicas nómadas
No solo basta con saber, también hay que atreverse. Y se atreven quienes pueden ofrecer algo diferente, no una simple imitación de lo que ya se había hecho antes. Ambos compositores entran en esa categoría, ambos son exploradores de la música y ambos son creadores de sonidos originales.
Truffaz (Chêne-Bougeries, 1960), cuyo estilo se alinea inconfundiblemente con esa forma de tocar que tenía Davis, sedosa y cósmica, ha viajado por todo el mundo en busca de inspiración para sus creaciones.
Y Lizana (San Fernando, 1986) lleva el mismo camino (más de 300 conviertos por 30 países desde 2022) aunque sea un cuarto de siglo largo más joven que el trompetista suizo. Y aunque no toca la guitarra, hace honor a Paco de Lucía por un detalle que contaré más adelante.
Esa vida ambulante los llevó a conocerse en Nepal y ese fue el primer paso hacia el proyecto que han presentado en Cádiz. Nada extraño por otro lado, flamenco y jazz siempre fueron músicas nómadas y viajeras desde sus orígenes hasta hoy.
Cuando Miles Davis sufrió el síndrome Stendhal

Miles Davis tenía 34 años cuando entró en la tienda de discos Colony Records de la calle 52 de Nueva York y se llevó para casa todos los vinilos etiquetados como flamenco (me gustaría saber algún día cuáles fueron).
Aquella jornada de 1960 su mujer Frances Davis lo había convencido para ir a ver al bailaor flamenco (nacido en Guatemala) Roberto Iglesias. Él accedió con desgana, pero al salir del teatro – lo contó ella a la revista Billboard – se fue directo a la tienda de discos.
De aquella impetuosa cosecha nacería aquel año un disco mítico, Sketches of Spain, con arreglos del músico Gil Evans. Davis y Evans reinterpretan en él algunos de los hitos de la música tradicional española: el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrígo, el cante jondo y El Amor Brujo de Manuel de Falla.
Dicen los entendidos que a partir de entonces el jazz norteamericano se abrió a otras musicas del mundo. Así, a bote pronto, se podría citar Jazz Samba (1962) de Stan Getz. Y el eco llegó hasta España, donde aparecieron los discos Flamenco Jazz grabados en 1967 y 1968 por Pedro Iturralde.
Ahí estaba ya el camino, el mismo que transita Lizana desde sus comienzos como músico y al que se ha sumado ahora también el trompetista suizo en esta feliz colaboración que los aficionados hemos podido ver en Cádiz.
Jazz entreverado
También es cierto que no estaban solos. Los artistas que le acompañaban en el escenario son de una categoría contrastada. Quizá a muchos espectadores que no son músicos profesionales (mi caso, por ejemplo) les sorprendiera ver por primera vez en su vida un clarinete barítono.
Pero igual de sorprendente fue ver a Renaud Gabriel Pion, un compositor con una extensa carrera en su mochila, oírlo tocar. Pion es el autor de los arreglos de este New Sketches of Spain. y también lo fue escuchar al guitarrista Pau Figueres, limpio como una fuente de cristal.
En cualquier proyecto que se etiquete como jazz flamenco o flamenco jazz, la guitarra y sus ecos son una parte esencial y el toque Pau Figueres iluminó la noche tanto como el de Truffaz, Lizana o Pion.
Mención especial merece la bailaora Ana Pérez, cuyos movimientos sobre las tablas aportaban toda la magia y misterio ancestral que ha atesorado el flamenco desde sus orígenes.
Completaban la nómina de artistas el joven batería Manuel de la Torre y el bajo eléctrico Arin Keshishi. Al grupo se unió (no está en el cartel) con el cajón, las palmas y el jaleo Vincent Thomas.
Con este cuadro iniciaron el recital interpretando el Adagio del Concierto de Aranjuez. La versión del maestro Rodrigo está escrita para clarinete, aquí sustituido por la suavidad de la trompeta de Truffaz.
Un paso más adelante de Antonio Lizana
Tocaron una versión por seguiriyas en la que Lizana demostró por qué se está convirtiendo, si no lo ha hecho ya, en un fenómeno internacional dentro de los circuitos de jazz. Aquí quisiera abundar en esa idea de seguir la herencia de Paco de Lucía.

Fotos: Cortesía del Festival de Jazz de Cádiz
Habitualmente, el jazz y el flamenco se han presentado juntos como una fusión de ambas músicas, una mezcla en la que en cada campo resuenan ecos de su par: en el flamenco los ecos del jazz y en el jazz los del flamenco.
Esto lo superó Paco de Lucía cuando puso al mismo nivel ambas sin mezclarlas, sin fusionarlas, es decir, acoplándolas como piezas de un puzzle, piezas que tienen un carácter autónomo por sí solas, sin perder sus rasgos esenciales, y que al mismo tiempo encajan armónicamente con las que están al lado.
Antonio Lizana hace lo mismo, no mezcla, une y reúne, canta por seguiriyas o soleares y a continuación, toca la versión jazzística con el saxofón o la flauta.
El músico gaditano da aquí un paso más adelante, porque era algo que, si no me equivoco, sólo se había hecho de forma instrumental. Pero él interpreta con su voz. O dicho de otro modo: acopla el cante flamenco en paralelo a la música de jazz.
Es en este detalle, creo, donde de sustenta la originalidad de la propuesta de Antonio Lizana desde los inicios de su carrera musical. Pueden verlo con claridad en el concierto de la serie Tiny desk de la radio pública estadounidense NPR, en el que participó hace ya ocho años. Uno de los pocos artistas españoles que han formado parte de esta serie que puede serguirse tanto por la radio como por youtube.
Traer a Falla a Cádiz en versión jazz-flamenco
De este modo el jazz viaja de vuelta a los Estados Unidos enriquecido con las aportaciones más esenciales del flamenco, erigido como protagonista a la par.
Lo pudimos ver y escuchar en el Baluarte en las versiones de la Soleá o de la Saeta que han preparado para estos New sketches of Spain.
En los ensayos, recordaba Lizana sobre el escenario, “no sabes hasta dónde puede llegar la música y vemos que está llegando”, en vista de la reacción de un público entregado a lo que estaba escuchando.
Que no eran solo reinterpretaciones de Miles Davis, sino también composiciones propias de Pion o de Truffaz, de este último como propina en los bises.
Oficialmente el concierto terminó con una versión de la Canción del fuego fatuo de Manuel de Falla, con Ana Pérez sublime en su interpretación al baile de la obra inmortal del compositor gaditano, otro pionero de su tiempo.
Miles Davis tituló su arreglo de esta pieza Will O’the wisp y le puso castañuelas de fondo, Pedro Iturralde la incluyó en su disco Flamenco Jazz, como así hizo Paco de Lucía en su interpretación de Falla, con la compañía, entre otros, de Jorge Pardo.
A tan insigne nómina hay que añadir a partir de este año a Antonio Lizana y Eriz Truffaz.
La mayoría de edad del Festival de Jazz de Cádiz
Salir de un concierto como este, a pesar del mal tiempo, a pesar de que la apuesta de los músicos era arriesgada, con una sonrisa de oreja a oreja, es algo que no siempre ocurre y que hay que agradecer a los programadores.
Son ya 18 ediciones, 18 añitos, mayoría de edad, de un Festival que crece gracias a las aportaciones económicas de sus patrocinadores, al apoyo del público y al saber hacer de sus organizadores.
En esta edición 5.000 personas asistieron a los recitales programados en el Baluarte y en otros espacios de la ciudad, la mayor parte de ellos con el aforo completo.
Para los amantes del jazz, la existencia y continuidad del Festival de Jazz de Cádiz es un regalo en la programación musical del verano gaditano.
