Los músicos de jazz, y los demás también, saben que se puede coger una canción cualquiera y darle la vuelta como un calcetín. Uno de los casos más brillantes posiblemente sea la versión que Django Reinhardt grabó en 1939 de I’ll see you in my dreams de Gus Khan e Isham Jones.
Hay muchas versiones de este tema, un clásico, un standard, del repertorio del jazz y de la canción norteamericana, pero la del guitarrista gitano es bien diferente a todas las que se han hecho, tanto la original como las posteriores. Hasta el punto, creo, de convertirse en un clásico del clásico.
El tema inicial fue un éxito de 1924, siete semanas seguidas como número uno en la lista de las canciones más escuchadas, hace ahora cien años. Es fácil imaginar la orquesta, los músicos y los jóvenes y no tan jóvenes bailando sobre los acordes creados por Isham en aquellos felices veinte que forman parte ya de la memoria universal.
Una letra agridulce
La historia que cuenta la canción transmite una idea hermosa: aunque tú no estés aquí conmigo, estaremos juntos cuando yo esté dormido, Te veré en mis sueños, traducción del título al español.
El autor no da demasiados detalles de los motivos de la separación, incluso hay cierta ambigüedad en la primera estrofa, la posibilidad de ser una canción de despedida: “Pronto mis ojos se cerrarán, pronto encontraré el reposo, y en sueños tu estarás siempre junto a mí”.
Hay amor y ausencia, la dulzura y la amargura que supone esta situación vital.
Una de las versiones más emotivas –muy posterior a la de Django– la interpretó al ukelele el músico británico Joe Brown en el homenaje organizado en 2002 al beatle George Harrison en el Royal Albert Hall de Londres un año después de su muerte.
En este caso el recuerdo del músico desaparecido ocupa inevitablemente todo el espacio que la letra original había dejado abierto a la imaginación del espectador. La lluvia de pétalos de flores –este fue el último tema de aquel concierto– la carga además con excesivo, aunque justificado, sentimentalismo.
La visión del rock: el homenaje de Springsteen
El músico de rock Bruce Springsteen escribió en 2020 una canción de despedida con el mismo título. Pero aparte de este detalle, pocas coincidencias hay entre ambas. Es un tema completamente distinto; tanto la letra como la música difieren de la versión que se interpreta en los circuitos de jazz.
Aunque coincidan en su propósito, que en el caso de Springsteen es recordar a su amigo de adolescencia George Theiss, también músico y cuyo fallecimiento le impulsó a componer el álbum Letter to you en 2020 que cierra este tema.
Otro dato curioso: El vídeoclip promocional de la canción se distribuyó el día después de la muerte del productor musical australiano Michael Gudinkski, a quien está dedicado.
La canción original de Khan y Jones ha sido utilizada por la industria cinematográfica en varias ocasiones. Era inevitable que el cineasta Michael Curtiz la empleara en 1951 como banda sonora de la película que hizo sobre la vida del letrista.
En una de sus escenas se ve al actor y cantante Danny Tomas, que interpreta a Khan, y a Doris Day, que interpreta a la mujer de este, la también compositora Grace LeBoy, mientras componen el tema junto al piano del salón de su casa.
Tres dedos de felicidad y un punto de ironía
Cuando se estrenó la película, hacía ya una década que Django Reinhardt había grabado su versión bajo el sello Francis Day (años después adquirido por EMI) acompañado por Emmanuel Soudieux al bajo, Pierre Ferret interpretando el fondo rítmico de guitarra y Stephane Grapelli (que al tiempo se haría famoso como violinista), al piano.
En los primeros acordes Reinhardt parece querer reproducir la lentitud y melancolía que caracterizan al tema original, pero es solo una mera introducción, un recordatorio de la intención primera de sus autores.
Después la pieza se transforma en una frenética expansión de energia alegre y desenfadada que invita a sacudirse de encima cualquier atisbo de melancolía. Imposible no mover los pies al oirla.
Podría interpretarse en sus trucos –esa manera de sostener la nota en determinados puntos de la canción, los arabescos alrededor de otras– cierta intención burlona del guitarrrista belga, sin perder nunca el respeto a la esencia melódica creada por Isham Jones.
Si sumamos a esta particular visión irónica su virtuosismo técnico, el resultado es pura felicidad conseguida con los tres únicos dedos que podía utilizar para trastear el mástil con su mano izquierda.
Django Reinhardt’s dreams
No es de extrañar que otros músicos de jazz hayan seguido esta línea de interpretación abierta por el genio gitano de la guitarra de jazz.
Un buen ejemplo podía ser esta versión grabada en 2014 por la estación de radio estadounidense KNKX con el guitarrista Bucky Pizzarrelli y la Pearl Jam Band, en la que el violín conserva (solo en la primera parte) toda la carga sentimental que Reinhardt descartó, hasta que intervienen la guitarra solista y el acordeón.
La canción no figura hoy en día entre las más interpretadas del repertorio de jazz, la número 473 según el sitio web jazzstandars, que coloca en cabeza Body and soul, compuesta algunos años después (1930), pero tiene el encanto indiscutible de las músicas que nunca se olvidan.
Cabecera: Day dreams. Autor desconocido.
