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La cultura es la nueva sal

Imagen de La Cultura es la nueva sal

Como lema para la ciudad europea de la Cultura de 2024, La cultura es la nueva sal recuerda no solo el valor comercial de este producto, sino también recoge su poderosa simbología pagana, religiosa y cultural.

El lema es tan sencillo como potente. Es hermoso comparar la sal con la cultura y viceversa. Ya lo hizo en 1997 la UNESCO cuando declaró parte de la comarca Patrimonio Cultural de la Humanidad por la relación de sus habitantes con la minería de la sal.

Este año una de las capitales europeas de la Cultura es la ciudad austríaca de Bad Ischl y el área rural de Salzkammergut, reconocida hasta en el nombre por sus minas de sal. Oro blanco le llaman allí. Y lo es. La han explotado con beneficio desde dos mil años antes de Cristo.

Todos para una

La capitalidad cultural tiene una singularidad que gusta mucho en los despachos de Bruselas: es colaborativa entre diferentes administraciones.

De hecho, es la primera vez en la historia de estos eventos anuales, que se celebran desde 1985, en la que la capitalidad la van a ostentar 23 municipios diferentes de dos estados federales al mismo tiempo.

Todos juntos (y el camino no ha sido fácil, según reconoce la directora artística de la capitalidad, Elisabeth Schweeger) experimentarán durante un año entero qué supone para una comarca eminentemente rural ser capital europea de la cultura. Capitalidad que también ostentarán este 2024 la ciudad estonia de Tartu y la noruega de Bodø.

Cultura entendida como cultura, no como pasarratos. Lo explica muy bien Schweeger:

“No es solo entretenimiento y placer sino también iniciar discusiones críticas y crear un espacio para la reflexión y el intercambio. De este modo, la Capitalidad Europea de la Cultura no es un lugar de escapismo sino un lugar de encuentro y diálogo donde los residentes pueden, colectivamente, dar forma a su futuro dentro de Europa”.

Attersee

La belleza de esta comarca alpina la convirtió en lugar de peregrinación de escritores y pintores durante el siglo XIX y XX. Entre todos ellos destaca uno de los artistas más famosos de todos los tiempos, Gustav Klimt.
El pintor austríaco no se distinguió a lo largo de su carrera por sus paisajes. De hecho sus pinturas más aclamadas y apreciadas son de mujeres, también las más polémicas, tachadas en su día de pornográficas.

Muchas de sus obras fueron expoliadas por los nazis y su recuperación vertió ríos de tinta e incluso algún aclamado largometraje.
Klimt veraneó durante dieciseis años en Villa Paulick. Algunos de los más hermosos paisajes que el artista pintó en su carrera están realizados en este entorno.

¿Cultura para qué?

Habrá quien crea que la cultura no es más que un elemento más de mercadotecnia para atraer visitantes y turistas y generar dinero. Pero no es solo eso. La idea de Elisabeth Schweeger es más enriquecedora e incluso más democrática:

“En una época en la que el aislacionismo se está intensificando y las divisiones se profundizan, el arte y la cultura pueden ser los únicos instrumentos elementos capaces de contener estas fuerzas centrífugas y ayudar a reconstruir los puentes rotos”

Elisabeth Schweeger

Y aquí me parece pertinente hacer un paréntesis para incluir una referencia del estudioso Angel Charro en un artículo suyo sobre la cultura y la historia de la sal:

“La sal ha jugado un papel importante en cuestiones de hospitalidad. En países orientales es costumbre tradicional poner sal a extranjeros como signo de buena voluntad y prenda de amistad, y en Europa se presenta a los huéspedes antes de otra comida, significando la fuerza permanente de la amistad”.

Podría ser un ejemplo más que refuerza la idea de que el lema La cultura es la nueva sal le viene como anillo al dedo a la celebración y a esta época turbia en la que vivimos.

Si quieren saber más del proyecto que han desarrollado, pueden descargar el dosier de prensa (pdf) desde aquí. Foto: Ballet mechanique joaneum ©N_Lackner/Oficina de Prensa de Salzkammergut 2024

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