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Ir a donde llueve: Periodismo con Ñ

Imagen de Periodismo con Ñ

Es una sandez confirmar con tres fuentes distintas que está lloviendo. Es más fácil ir allí donde llueve, ver que llueve y contar que llueve. Lo recitaba en verso Martín Caparrós en la sede de la Asociación de la Prensa de Cádiz ante una audiencia irrepetible. Por la calidad humana y profesional de los presentes.

El cronista argentino lucía experiencia. No solo en la piel algo apergaminada y el mostacho más gris que en las solapas de sus libros. Por ejemplo en las de Una luna (2009).

También en la mirada, el mismo brillo afilado a pesar de los años aunque ahora hay en ellos un atisbo de melancólica felicidad, de felicidad inevitable a pesar de que el mundo siga siendo una mierda.

Allí estaban sentados, escuchándole hablar, veteranos maestros de la profesión como Soledad Gallego-Díaz, José María Izquierdo, Juan Cruz, Óscar Lobato, Fernando Santiago, el también argentino Ricardo Trotti. Si hubo otros, no los ví.

Los que se lo perdieron tienen la opción de recuperar el instante en vídeo. Pero no es igual. Los vídeos son memoria, vida que pasó recogida en el foco de una máquina, algo más pequeñito.

Caparrós es uno de esos seres híbridos entre escritor, en el sentido literato de la palabra, y periodista. En el mundo anglosajón ambos ejercicios vienen a ser lo mismo. Pero el caso es que esto va de periodismo con ñ, esa combinación de palabras y letras inventada por la Asociación de la Prensa de Cádiz para etiquetar al periodismo hecho en español.

El espíritu de Wallraff

Hay una delgada línea entre el periodismo camuflado del cronista alemán Günter Wallraff y el derecho a la privacidad. Disfrazarse para averiguar información sigue provocando bizantinas discusiones entre los especialistas en ética. Mientras, el agua entra en el casco por otras vías.

A veces es la única forma de obtener ciertos datos relevantes. Información que puede ayudar a las personas a salir del infierno o, simplemente, a mejorar algo su vida.

Lydia Cacho, que se sumó esta primavera a la causa de la Ñ gaditana, lo contaba en una de sus intervenciones: Que también ella tuvo que disfrazarse de monja para averiguar sobre las redes de trata de niños para explotación sexual en México. Wallraff en femenino, desde el otro lado del Atlántico.

Unas semanas antes, cuando hablé con Caparrós para invitarle a venir a Cádiz, me dijo que estaba algo fastidiado, que tenía que desplazarse en una silla de ruedas. Y acabé malpensando, claro. (Hay una revista colombiana que tiene ese título tan periodístico, El malpensante).

La familiaridad que dan los libros

Estaba aún impresionado por la reciente noticia de un accidente, el sufrido por Hanif Kureishi, el escritor británico autor de El buda de los suburbios, que le ha dejado tetrapléjico a causa de una mala caída.

¿Y? ¿Por qué me habría de importar un escritor como Kureishi? No lo conozco personalmente. Pero quien ha leído libros sabe que esto no es del todo cierto, hay cierta familiaridad con los autores aunque nunca nos hayamos dado la mano con ellos.

Por eso, aunque era la primera vez en mi vida que hablaba con Caparrós, no lo sentía como alguien ajeno.

El periodista argentino (de abuelo y padre españoles) me aclaró que no, que su mal se debía a otras razones médicas. Nada de accidentes desgraciados. Estaba a la espera de saber si habría remedio. Aliviado, pensé, era un lujo que accediera a participar en Periodismo con Ñ. Aún así.

Lo cortés…

Pero, como dije antes, un rato después ya estaba malpensando.

¿Quién sino él, uno de los periodistas que mejor escriben en primera persona en español, para contar el rally diario que afrontan las personas que viven atadas de por vida a una silla?

Perdí la ocasión de preguntarle cara a cara. Falta de reflejos, hábitos oxidados.

Si el autor de Ñamérica estuviera en verdad reportando, no me lo iba a decir. Y si no tuviera en ese momento la intención, siempre podría surgir la idea más adelante. Suele pasar a la gente que está todo el tiempo escribiendo, contando. Su caso.

Lo cortés no quita lo Moctezuma, como solía decir Fernando Quiñones.

Reflejos

El periodismo adocenado, limitado a los cauces oficiales, no es malo solo para el propio periodismo. Quien puede ser objeto de observación y de crítica pero en la práctica no se ve nunca en esa situación, acaba igualmente adocenado. Pierde reflejos en el cumplimiento de sus obligaciones o de sus deberes con la sociedad.

Si nadie dice —suelen ser los periodistas quienes lo hacen— que existen barreras para el movimiento de una silla de ruedas aquí y allá, las barreras siguen existiendo. Pasa con todo: con el hambre, con la violencia, con la corrupción, con los males de siempre.

De lo difícil que es moverse así fuimos testigos aquella noche un grupo de periodistas y escritores llegados a Cádiz desde varios lugares de España. En estos días, acabando el primer cuarto del siglo veintiuno, hay barreras que persisten.

Y no solo físicas.

Barreras del primer mundo. Más allá de estas fronteras ricas se convierten en muros infranqueables. De eso sabe Caparrós porque ha viajado mucho y lo ha contado en sus libros, en sus reportajes. No aptos para avestruces. Hieren.

Si alguna vez me persiguen

No se puede reclamar la libertad de prensa en tu país y que te importe un carajo que no exista la libertad de prensa en otro. Resta legitimidad. Los derechos fundamentales son universales.

Como Periodismo con Ñ viajó a Tetuán y Tánger, ciudades marroquíes en las que el idioma español es parte de su historia, apareció la necesidad de decirlo alto y claro. Lo expuso de manera diáfana y cristalina Juan José Téllez y se refirió a ambos lados del Estrecho de Gibraltar.

La censura será más o menos pesada, espesa o sutil, pero que existe es un dato a no perder de vista. Incluso hay quien la reclama como un derecho, como expuso días después, destripando sus mecanismos, el escritor peruano afincado en España Santiago Roncagliolo.

Imagen de Periodismo con Ñ
Participantes en la mesa sobre libertad de expresión. Foto: Santiago Pérez

También se lamentó Yoani Sánchez de la censura que existe en Cuba. Tal vez venir a Cádiz a hablar de cómo funciona el periodismo allí pueda suponer para ella alguna represalia, dijo. No es fácil informar en Cuba, un país del que ya nadie espera nada como acaba de decir el joven cronista cubano Carlos Manuel Alvarez.

Como en tantos otros países: México o Nicaragüa, por citar dos más cercanos. En español y en otras lenguas.

No basta con decir solidaridad u otra palabra amable en ese ratito que gastamos en las redes sociales. Hay que llegarse, apretarle la mano al colega, a la colega que lo está pasando mal, sentarse frente a él a escucharle, preguntarle, interesarse. Ayuda saber que no eres invisible.

Si alguna vez me persiguen por ser periodista, me gustaría que mis colegas estuvieran ahí de vez en cuando.

Y aún contando con este apoyo, ¿cuantos días tendrán nuestra atención cuando se marchen?

Egos revueltos

Dice Juan Cruz en su libro Egos revueltos que no hay creación sin ego. El ego, grande, mediano o pequeño, es la gasolina de la acción creativa, dice. Se refiere a los escritores. Ha tratado a muchos, y a algunos de los más grandes que han escrito en español. Puede ser que tenga razón.

A los periodistas, sean famosos o no, no les pasa como a los escritores. El ego no se les desborda. ¿O sí?. Tal vez a los mediocres. En Cádiz al menos, no.

Pensé que iba a encontrar soberbia en Arcadi Espada y me equivoqué. Lo que encontré fue una defensa numantina de una manera de ejercer el oficio y de reclamar respeto por el mismo.

Enric González estaba en la misma trinchera —en la misma sala de columnas, apuntó Pedro Ingelmo—, pero su argumento era más sutil.

El columnista de El País despliega un temperamento menos español que Arcadi, casi británico. Oírle decir que necesita leer opiniones contrarias a las suyas, expresadas de manera inteligente, fue casi como oír al Marqués de Queensbury proclamar las reglas del boxeo.

La soberbia y el orgullo deberían ser incompatibles con el periodismo, agua que resbala sobre ese carácter de servicio público que defendió Soledad Gallego-Díaz. No las detecté en ninguno de los que participaron en Periodismo con Ñ. En Cádiz al menos, no.

Más bien sentido común, la mesura de decir, como hizo José María Izquierdo, que los periodistas también deben ser “cedazo de las animaladas”.

Saquen las preguntas, no las armas

En un continente como América, tan castigado por la violencia, ese tema recurrente en las noticias en ambos hemisferios, apelar a la palabra frente a las armas, aunque sea en tono de humor negro, es necesario. Y en algunos lugares hasta heroico.

Lo hizo el director de la Sociedad Interamericana de Prensa, Ricardo Trotti, en Miami, al abrir el turno de preguntas a los asistentes a la jornada Periodismo con Ñ que tuvo lugar en la Florida.

Aquel encuentro fue colofón y punto de partida. Había ganas de ser escuchados. Los ponentes. Como amigos que se reencuentran después de mucho tiempo sin verse.

Por eso continuará.

6 comentarios en «Ir a donde llueve: Periodismo con Ñ»

  1. ¡Qué bonito leerlo y vivirlo! Me lo has puesto tan fácil que no me he desgastado. Impensable esta organización sin la entrega y el talento que le has puesto. Eres humilde, silencioso, profesional, trabajador y noble. Gracias por todas esas horas de más, por tu entrega absoluta al proyecto.

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