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Collages de Emilio Gil y José María Cortés

Escoger, tantear, crear

Emilio Gil y José María Cortés exponen en el Colegio de Arquitectos de Cádiz No son pequeños, son intensos, una nueva muestra de su creatividad para escoger materiales, tantear sus posibilidades expresivas y crear una obra de arte en forma de collage.

No es la primera vez que ambos difunden el resultado de un talento creativo que cultivan casi como una actividad privada. En 2018 y en este mismo lugar se pudo ver otra colección de sus collages bajo el título El punto que se puso a viajar.

Aún sigue corrigiéndome”

José María Cortés, arquitecto de profesión pero artista conocido en Cádiz por sus acuarelas y por ser uno de los fundadores del grupo de sketchers de la ciudad, se confiesa discípulo de Emilio Gil, diseñador gráfico y Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 2015, en la elaboración de collages.

Así lo dió a entender durante el acto de inauguración de la muestra celebrado en el Colegio. Los dos artistas y amigos mantuvieron una charla abierta junto a la acuarelista María del Mar Robert bajo la batuta del arquitecto Tomás Carranza.

José María Cortés conoció a Gil en 2011 en un curso que este impartía sobre collage en Lebrija. “Le gusta definirse como acuarelista y sketcher” informó Carranza, aunque a la postre el autor dijo preferir el collage antes que cualquier otra técnica pictórica.

Sobre su relación con Gil en la materia, que supera la década de largo, fue revelador: “aún sigue corrigiéndome”. Y él sigue aún consultando con su amigo acerca de las composiciones que realiza. Una relación entre ambos que, visto el conversatorio, no debe dejar espacio al aburrimiento.

Lo mismo ocurre con la exposición. Es “muy divertida” aseguró María del Mar Robert, muy “estimulante” por las posibilidades de conexión, sugerencias que ofrece al observador, al visitante.

Escoger

El narrador de la novela El azar y viceversa de Felipe Benítez Reyes, un autor que también crea collages cuando no escribe, se asombra de la cantidad de objetos que pueden ser encontrados junto a los contenedores de basura.

La posibilidad de recuperar esos objetos desechados, de devolverles de algún modo la vida, está en el método de trabajo de Emilio Gil cuando se pone a “collagear”.

“Voy mirando por los contenedores de Madrid”, dice y sostiene que “los tesoros están en los contenedores, lo que no es contenedor es Ikea”.

Es así hasta el punto de que en su estudio de diseño gráfico “la gente viene y me dice, toma, antes de tirarlo, a ver si te interesa”.

Collages de Emilio Gil y José María Cortés
Un momento de la inauguración. Fotos: Santiago Pérez

Así ha reunido un repositorio de materiales a los que recurre cuando se pone a montar collages, una tarea que procura separar de su actividad profesional. A esta se entrega en Madrid, a los collages en un pueblecito aledaño a Sigüenza.

Los materiales vienen “de cualquier lado” dice José María Cortés. ¿La cuestión clave? “Hay que saber mirar”, apunta Gil. Cortés expuso un ejemplo ilustrativo, una composición realizada a partir de un trozo de alambre que coincide con el perfil de la isla de Gran Bretaña.

Tantear

Buena parte de las ideas expresadas en los ensayos y en la cincuentenaria serie de televisión Modos de ver de John Berger están basados en los escritos de Walter Benjamin.

Gil recordó una de estas ideas del filósofo y crítico alemán, cómo la reproducción de la obra de arte acabó con el aura que tenía contemplarla en vivo, esa singularidad del contacto único. En el collage, explicó, las reproducciones se recuperan y forman parte de algo nuevo.

“Yo utilizo eso que no tiene ningún valor y lo convierto, entre comillas, o sin comillas, en una obra de arte, le devuelvo el aura y eso me parece muy interesante”.

En 43 años como diseñador gráfico, Gil nunca ha tenido “la tentación de ser artista”, pero siente como una responsabilidad aportar algo nuevo al campo en el que él es experto.

Lamenta el “complejo atávico” de los diseñadores que quieren ser artistas y pierden interés por el diseño.

“No hay artes menores y mayores, no tiene más valor el diseño que el arte, tiene más valor una obra bien hecha en cualquiera de los campos”.

Cortés destaca la versatilidad de una técnica que permite realizar el trabajo desde cualquier lugar y por el mero placer de hacerlo, sin pretensiones. Durante la pandemia compuso 62 collages, uno cada día, de una taza de café. Trabaja en la pieza hasta que considera que el resultado es bello. Ahí la da por terminada.

Es inevitable la búsqueda, el tanteo. Dice Gil que “en el collage se dan encuentros entre fragmentos que casi se atraen como magnéticamente”. Trabaja con los materiales hasta que “hay un momento en el que las cosas se atraen y encajan, encajan casi físicamente”.

Crear

Con el hándicap añadido del tamaño pequeño, el reto de “contar las cosas en un formato que ya te está obligando a pensar de una forma distinta”. Dicho de otro modo: “hacerte la vida complicada a ti mismo para ver cómo sales de aquello”.

Sobre este formato de pequeñas dimensiones, María del Mar Robert señaló la posibilidad de que sirva a las personas a introducirse en el mundo del arte.

Collages de Emilio Gil y José María Cortés
Detalle de la exposición

Tomás Carranza apunta también que “la escala pequeña, además de ser un fantástico banco de pruebas donde ensayar ideas espaciales, formales, técnicas, facilita, creo, una concentración de intereses poco frecuentes en arquitecturas de mayor tamaño”. Y añade: “lo pequeño en dimensiones puede ser grande en trascendencia”.

Gil recuerda que Manolo Prieto trabajaba sus creaciones en un formato muy pequeño, tamaño sello, y que lo pequeño no tiene por qué ser menos importante, menos relevante.

El resultado del collage, por la propia técnica en sí, suele ser abstracto. Plantarse ante la superficie vacía y empezar a combinar materiales y objetos hasta crear algo nuevo es casi como crear de la nada, «un ejercicio puro de composición», sugería desde el pùblico el pintor Cecilio Chaves.

José María Cortés corroboró la idea: “el collage es muy difícil, es creación pura y dura”.

Todos los que se exponen en No son pequeños, son intensos carecen de título y de mensaje. Tal vez algunos expongan o sugieran alguna intención, los menos, dice Emilio Gil.

Y, sin embargo, explica, están íntimamente relacionados con el día a día, con todo lo cotidiano porque “el collage tiene otra cosa interesante y es que uno se sube en marcha al acontecimiento de las cosas, de la vida”.

¿Dónde y cuándo visitarla?

Exposición “No son pequeños, son intensos”
Obra en pequeño formato de José María Cortés y Emilio Gil
Colegio de Arquitectos de Cádiz (Hasta el 31 de marzo)
Plaza de Mina, 16
Horario: Lunes, miércoles y viernes de 9:00 a 14:30 h.
Martes y jueves de 9:00 a 14:30 y de 16:30 a 19:00 h.

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