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Los modos de ver de John Berger

Este año se cumple medio siglo de la difusión de Modos de ver, la célebre serie de televisión que popularizó los modos de ver el arte de John Berger. Aquella emisión fue convertida inmediatemente en un libro del mismo título que está considerado una obra que revolucionó las teorías sobre comunicación visual e interpretación del arte conocidas hasta entonces.

Berger (Londres, 1926-Antony, Hauts-de-Seine, 2017) fue pintor, crítico de arte, novelista y poeta. Su contribución a la cultura europea es enorme.

Fue esta obra, que destaca no solo por su mirada original, sino también por su sagacidad y su coraje, la que le situó en el primer plano de la cultura del continente.

La editorial Gustavo Gigli la publicó en España en los ochenta y nunca ha dejado de reeditarla. Este 2022 ha preparado una edición conmemorativa que recupera el diseño de Richard Hollis.

Aún no existía internet

Con los avances tecnológicos que la sociedad mundial experimenta desde la aparición y extensión de internet en 1995 podría sospecharse que las premisas de Berger hubieran perdido actualidad. Sorprende que no sea así.

Imagen de la portada del libro Modos de ver de John Berger

Releer hoy Modos de ver es un ejercicio estimulante. Por un lado confirma que los avances que ya existían hace cincuenta años para la reproducción fiel de las obras de arte no han hecho más que extenderse y ampliarse. Y en consecuencia, sus efectos.

Berger ya pudo ver antes de morir cómo la popularización de las máquinas de fotografiar, los teléfonos inteligentes y las redes sociales ensanchaban ese camino abierto que él señaló en 1972 y que puede acercar al público medio al disfrute de las obras de arte.

Por ejemplo, afirma:

“Lo que han hecho los modernos medios de reproducción ha sido destruir la autoridad del arte y sacarlo —o mejor, sacar las imágenes que reproducen— de cualquier coto. Por vez primera en la historia, las imágenes artísticas son efímeras, ubicuas, carentes de corporeidad, accesibles, sin valor, libres.”

Parece increíble esta afirmación, Entonces, en 1972, los principales “modernos medios de reproducción” eran la prensa escrita en papel y la televisión. Nada más. Aún no existía internet, ni las redes sociales.

La consecuencia, continuaba el autor, es que “las masas, gracias a las reproducciones, pueden empezar a saborear ahora el arte de la misma manera que lo hacía en otro tiempo una minoría culta”,

Walter Benjamin, punto de partida

Pero con una mirada crítica. Hay muchos modos de ver una obra de arte. El que propone el artista británico es el de cuestionar lo que estamos viendo, no dejarnos convencer a primera vista por la ilusión de una simple mirada. Hay que preguntarse siempre por la intención que se esconde detrás de cada creación y por qué se ha hecho de una manera determinada y no de otra diferente.

Muchas de las ideas del primer ensayo del libro, reconoce John Berger, han sido tomadas de otro cuarenta años anterior, La obra de arte en la era de la reproducción mecánica del crítico y filósofo alemán Walter Benjamin.

Modos de ver se compone en total de siete ensayos. En tres de ellos se usan solo imágenes y en los cuatro restantes palabras e imágenes. Es en el primero de estos cuatro en el que analiza las implicaciones de la reproducción de obras de arte.

En todo caso, los creadores (aunque figura como autor John Berger, fueron coautores de la serie y del libro Mike Dibb, Sven Blomberg, Chris Fox y Richard Hollis) ya advierten en la nota inicial que ninguno de los ensayos pretende más que tratar “algunos aspectos de cada tema”,

Y añaden: “Nuestro principal objetivo ha sido iniciar un proceso de averiguación”.

La mujer como objeto

El segundo analiza la mujer como objeto en la obra de arte. Al igual que el anterior, el análisis de Berger es extraordinariamente moderno, actual y vigente. Por su sensibilidad y por poner negro sobre blanco el papel dominante de la visión masculina en la representación de la imagen de la mujer.

Y destaca que la representación del desnudo femenino para ser vista por el espectador, a veces de manera forzada, solo se producía en el arte europeo, no en otras tradiciones como el arte hindú, persa, africano o precolombino.

Portrait of a young woman and child, as Venus and Cupid by Peter Lely
Retrato de una mujer joven con niño como Venus y Cupido de Peter Lely

Interesante también porque expone algunas claves que se han utilizado posteriormente en el análisis crítico de la publicidad comercial cuando esta ha utilizado el cuerpo de la mujer como reclamo, como un simple objeto deseable, para la compra de bienes y servicios.

Posiblemente fue Berger el primero que propuso la idea de reemplazar, imaginariamente, a la mujer por el hombre en estas representaciones para advertir la enorme carga de objeto-sexual con la que se ha expuesto a la mujer tanto en las obras de arte como en la publicidad.

Ideas que hicieron ya en su día a este ensayo como un punto de referencia para muchas defensoras de los derechos de la mujer.

El arte como símbolo del poder en Europa

Los dos ensayos restantes del libro están relacionados entre sí y con la idea de la obra de arte como símbolo de estatus, de riqueza y de poder a lo largo de la historia.

Berger va decapando esta idea poco a poco mientras analiza la introducción y el auge de la pintura al óleo y su técnica como característica predominante de las obras de arte que encargaban los poderosos y acaudalados para mostrar sus posesiones o para subrayar quién era importante.

Imagen del cuadro Los Embajadores de Hans Holbein el joven
Cuadro Los Embajadores de Hans Holbein el joven

Por ejemplo, el público que compraba estas obras era quien sostenía a los artistas, que se veían obligados a reproducir una y otra vez los mismos temas. Ocurrió por ejemplo, con la pintura costumbrista. Dice Berger:

“Estos cuadros eran especialmente populares entre la burguesía recién llegada que se identificaba a sí misma, no con los personajes pintados, sino con la moraleja que ilustraba la escena. Una vez más, la capacidad de la pintura al óleo para crear una ilusión de corporeidad hacía plausible una mentira sentimental: que sólo prosperaban los hombres honrados y trabajadores y que el inútil se quedaba merecidamente sin nada.”

Quien se salía de los gustos predominantes, no vendía un cuadro. Berger cita el caso del pintor flamenco Adriaen Brouwer y sus pinturas de tabernas y borrachos que no gustaban a nadie, a pesar de que también eran un fiel reflejo de la realidad y de las costumbres de la época.

Los cuadros de Brouwer están “pintados con un realismo directo y amargo que excluye la moraleja sentimental. En consecuencia, nadie compraba sus cuadros, salvo algunos compañeros como Rembrandt y Rubens”.

La publicidad y la tradición del óleo

La técnica del óleo pasa a segundo plano a principios del siglo veinte con el surgimiento de las vanguardias, que introdujeron un panorama visual absolutamente diferente en el mundo del arte, empezando por el impresionismo y el cubismo. No solo cambian los temas y las técnicas, también los materiales con los que se crea la obra de arte.

Ya avanzado el siglo veinte será la publicidad quien sustituya de algún modo a la pintura al óleo como instrumento para manifestar la riqueza y el poder. El ultimo ensayo del libro indaga en esta propuesta.

Cuadro Campo de trigo bajo nubes de tormenta de Vincent Van Gogh

Y entre sus averiguaciones, el autor expone cómo la publicidad usa de la autoridad de la obra de arte como símbolo de cultura y de riqueza en Europa y establece varios lazos de continuidad entre el propósito de las obras pintadas al óleo y la publicidad.

Según Berger “la pintura al óleo era, por encima de todo, una celebración de la propiedad privada. Como forma-arte se inspiraba en el principio “eres lo que tienes”.

Y añade:

“Es un error pensar que la publicidad ha suplantado el arte visual de la Europa postrenacentista; es la última y moribunda forma de ese arte.”

Punto de partida

Sin contar con las fotografías de los anuncios, Modos de ver reproduce más de 150 obras de arte, la mayoría de ellas anteriores al siglo veinte. Siendo un libro de 168 páginas, las reproducciones son de pequeño tamaño y en blanco y negro. Pero el propósito de esta obra es dejar unas cuentas preguntas abiertas en la mente de quienes se acerquen a leerla, no exponer un catálogo visual de la historia del arte.

Al fin y al cabo, hoy día es extremadamente fácil acceder a cientos de miles de obras de arte de todo el mundo a través de internet. Solo hay que acercarse a ellas a mirarlas o a comprar una reproducción. La originalidad del arte en estos tiempos, con tendencias como los nft, harían necesario un ensayo que lo explicara y desarrollara, al menos, la misma capacidad visionaria que tuvo John Berger hace 50 años.

Modos de ver. John Berger.
Gustavo Gili. 2016. Edición revisada 50 aniversario.

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