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Obras de Kike Marín y Fernando Batista

Arte de Cádiz

Cualquier cosa que veas puede convertirse en una obra de arte, “el museo está en la calle”, explica Garikoitz Cuevas a dos jóvenes que conversan animadamente con él sobre su obra. La escena se produce en el vestíbulo del Colegio de Arquitectos. Acaba de inaugurarse el mercado del arte de Cádiz.

Un gran círculo de pintura del tamaño de una enorme mesa de comedor sorprende al visitante que entra por primera vez en la sala. Es una de las obras —¿cómo llamar cuadro a algo circular?—, la mayor, que Cuevas trae al evento. Me recordó a alguna pintura de Miquel Barceló.

“Todo es suceptible de ser motivo de obra de arte, pero eso lo decides tú”.
Garikoitz Cuevas

El mercado está dedicado este año a la obra de Garikoitz. Se le ve radiante conversando con los visitantes, muchos de ellos artistas que participan, amigos también, algunos políticos, la decana del colegio de arquitectos, Isabel Suraña, gente de la cultura la mayoría.

Ausente Carmen Laffon. El evento estaba dedicado a ella, pero la artista de Sanlúcar de Barrameda falleció este año y no pudo ser. Permanece el homenaje, in memoriam. Cuevas recuerda la amistad entre ambos. Dos de los cuadros que ha traído están dedicados a la artista gaditana cuya obra tanta admiración sigue provocando.

¿Ha quedado todo bien?

Es difícil sorprender nervioso —pero hoy no es el día— a Alfonso Arenas, pintor, marchante, galerista y motor de este evento desde casi sus inicios. Con la única excepción de la primera edición, que pusieron en marcha Kike Marín y Fernando Batista en 1989. Después cogió las riendas y hasta hoy.

“Estoy agotado” repite e intenta mantener esa calma que le sale de dentro. No es fácil adivinar si se trata de un rasgo de carácter o sabiduría que otorga el tiempo. Posiblemente ambos. “¿Ha quedado todo bien?” pregunta a alguien y se pierde de vista entre la multitud.

El acto inaugural es como todos los actos inaugurales. Si tuviera que hacerlo una máquina al programador apenas le costaría trabajo introducir los parámetros adecuados. Visto uno, vistos todos. Lo mejor es no alargarlos y en eso parecen haberse puesto todos de acuerdo. Es jueves 16 de diciembre, primer día del mercado.


En este vídeo, cortesía de la organización, Kike Marín dibuja sobre una de las paredes (en verdad una lámina transparente) de la sala una obra ex profeso para esta edicición del mercado.

Al alcance de la mano

Los autores que me han contado algo de este evento suelen repetir una idea: está pensado para hacer el arte asequible a cualquier bolsillo. Así que me doy una vuelta por la sala para comprobarlo. Doy fe que es cierto. Algunas obras son para bolsillos más que pudientes, o para conocedores que saben dónde invertir su dinero cuando hablan de arte. Pero en general, es verdad.

Un detalle de este afán: pocas creaciones, por una razón de espacio —más de cincuenta artistas venden obra— están colgadas de las dos paredes de la sala. Son como las señales que indican dónde está cada uno. Cada autor tiene un pequeño cajón donde reposan, protegidas en fundas de plástico, sus cuadros sin enmarcar.

Parecen elepés. Con un movimiento del dedo se pasa de una obra a la siguiente. La que interesa se extrae del cajón y se mira y remira como si fuera la portada de un vinilo. Arte manejable, al alcance de la mano. Cercano.

Imagen del mercado de arte de Cádiz
Fotos: Santiago Pérez

Hasta sorprende el meneo que algún que otro visitante da a las pinturas que extrae de los cajones. Como si quisieran sacudirlas y que el talento del artista quedara desparramado por los suelos. Afortunadamentre no lo consiguen. El talento sigue intacto. Y, salvo alguna que otra excepción —eso sí, esta es palabra de profano—, hay mucho en las obras expuestas a la venta.

Nunca, en todos estos años, se ha vendido todo lo que los artistas traen al mercado. “Ha habido años que han sido una ruina, aunque han sido los menos”, admite Alfonso Arenas, que durante tres semanas hará no solo de marchante, sino también de curador artístico, vigilante de guardia y guía para iniciados.

Quedarse fuera

Después de tres décadas organizando el mercado, tiempo en el que ha continuado pintando y en el que ha creado su propia galería, Espacio UNO, en San Fernando, además de otras actividades, pocos se atreverían a negar a Alfonso Arenas el estatus de experto conocedor del arte de la provincia de Cádiz.

Él es quien elige los autores que pondrán sus obras a la venta y, como marchante y organizador, obtiene el debido tanto por ciento. Es el mercado. La dinámica de una galería efímera que solo funciona durante el periodo navideño. El resto del año, cada uno se busca las papas como puede, exponiendo en galerías, bares, restaurantes y hoteles, en internet. Se vende fuera de casa y en el propio estudio del artista.

Aquí hay varios pintores que repiten año tras año. Nobleza obliga. Es el reconocimiento que merece su trayectoria artística. Imposible prencindir de ellos. Y sí, hay quien se enfada por no estar entre los elegidos, por quedarse fuera. Pero todos no caben, es necesario escoger. Y en esa labor, explica el organizador, priman tanto el criterio artístico como el potencial de venta.

  • Cuadros de Garikoitz Cuevas
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  • Imagen del Mercado de Arte de Cádiz
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  • Cuadros de Garikoitz Cuevas
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Entre los seleccionados, Arenas siempre procura traer nombres nuevos, artistas que participan por primera vez en el mercado del arte. Este año han sido Miqui Troncoso, Mele de la Iglesia y Raúl Fernández. Se debe “dar una oportunidad a la gente que empieza”, dice. ¿Cómo no hacerlo?

Calma, no hay prisa

Miércoles 22 de diciembre. Cumplida la primera semana.
Aunque en algunos momentos puedan producirse aglomeraciones de curiosos y personas interesadas en comprar, en general el ambiente en el Colegio de Arquitectos es pura serenidad.

Una vez pasada la sorpresa inicial de toparse con las obras de Cuevas, al girar hacia la sala, allá al fondo se imponen las coloridas telas que la artista Lita Mora ha traído este año y que le dan el toque oriental al conjunto. También a ella estuvo dedicado este mercado un año, como a otros autores de renombre. Guillermo Pérez Villalta, por ejemplo.

Los días se suceden con nuevas visitas de autores que traen obras pendientes de colocar en sus respectivos cajones, en su propia discografía artística. Alfonso Arenas ha puesto las suyas en un recóndito hueco abierto en una esquina varias jornadas después de la inauguración. Estaban secándose, confiesa, ocultas al fondo del salón, al abrigo de las telas de Lita Mora.

Telas de Lita Mora

Acabado el sorteo de la lotería, la tarde gaditana se ha contagiado de esa calma reposada que precede a la Navidad. El cielo nublado preludia el tren de borrascas que está entrando por el Atlántico. Poca gente en el Colegio de Arquitectos a primera hora de la tarde. El grueso de visitantes suele aparecer a partir de las siete.

Aprovecho la tranquilidad para mirar las obras con más detenimiento, sin las prisas del primer día. Hoy ya no me gusta todo lo que ví una semana atrás. Tampoco están algunas acuarelas que me atrajeron entonces. Parece que tienen buena salida.

Me pregunto si la pintura figurativa se vende mejor. Algunas pinturas abstractas llenas de fuerza siguen en los cajones a pesar de su buen precio. Comento la idea con Alfonso y enseguida la rebate diciendo que precisamente hoy acaba de vender una obra de este tipo. Defiende siempre el valor de lo que está expuesto. Me queda la duda de saber si el comprador necesita entender —o explicar— por qué ha comprado tal o cual obra. Si no basta la emoción que produce contemplarla.

La cuenta atrás

Miércoles 29 de diciembre. A dos días de acabar el año.
Tras dos semanas de ventas, el mercado sigue su curso después de superar el bache de visitantes que ha provocado la lluvia torrencial del fin de semana. El sol reanima el continuo ir y venir de coleccionistas e interesados en regalar arte, uno de los pocos modos que existen de regalar un intangible como la belleza.

En estos días he sido testigo de las diferentes respuestas que provoca la exposición de algo bello: la curiosidad, la envidia-desprecio, la indiferencia. Incluso la vergüenza de algún artista por cobrar por su obra. Pero ha sido el entusiasmo de algunos coleccionistas lo que más me llamó la atención.

Por ejemplo, aquel hombre ataviado con un abrigo de lana a cuadros y boina a juego luchando consigo mismo para decidirse entre tantas posibilidades que agradaban la vista. O la pareja valenciana de paso por la ciudad con su autocaravana, mochila en ristre y preguntando dónde cómer los platos típicos de aquí. Y otra pareja, de acento británico, que se movía con la pureza de gestos y la humildad que a menudo otorga la alta cultura. Todos compraron y me atreveria a decir que se quedaron con ganas de más.

2022

Ya metidos en el nuevo año es el momento de publicar esta crónica efímera. Pasado mañana, cinco de enero, cerrará sus puertas. Conforme vaya avanzando el año veremos nuevas obras y aprenderemos de las antiguas, se repetirán nombres y se conocerán otros nuevos. Arenas confiesa que ya está pensando cómo será la edición de este 2022 recién estrenado.

Pero el mercado es solo la punta del iceberg.

El trabajo que no se ve está en el día a día. La creatividad es como la marea o como las olas del mar, siempre insiste, es una necesidad natural del ser humano. Crear arte, además de valor, tiene su precio. Apreciar ambos es la mejor muestra de respeto a los artistas. Como mantener abiertas las puertas, año tras año, de este evento singular. Arte de Cádiz.

2 comentarios en «Arte de Cádiz»

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