jardin de rosas imposibles

Jardín de rosas imposibles

La escritora Dolors Alberola ha reunido en su libro Osario para rosas un jardín de rosas imposibles. Así las llama en esta entrevista, rosas imposibles, aunque algunas de ellas, como bien advierte en sus páginas, son reales. ¿Cuáles? Eso deberá descubrirlo el lector.

Gracias a la creatividad de la escritora valenciana afincada en Cádiz, a las 30.000 variedades de rosa cultivadas que hay en el mundo los botánicos podrán añadir casi un centenar más, descubrirlas o incluso, si un grado extraordinario de atrevimiento se lo permitiese, tratar de desarrollarlas y cultivarlas.

En eso Alberola lleva ventaja. La literatura es ese lugar abierto en el que todo es posible. Tan sólo hay que tener la maestría necesaria para, mezclando con sensibilidad las palabras, crear lo que antes no existía. Por ejemplo, la Rosa de bisturí. No traten de pensarla, búsquenla en este jardín soñado.

Ahí también están la rosa alcahueta o rosa del visillo, la rosa literaria, la rosa circense, la rosa de Asuán, la rosa calva o sin espinas, la rosa gilipóllica, la rosa inversa o la rosa abisal. El catálogo es extenso y sorprendente, lleno de sugerencias a la imaginación.

Una exposición única

Gracias a la labor minuciosa y atenta del pintor y galerista Alfonso Arenas, que los ha reunido, medio centenar de artistas han creado, cada uno con su estilo, una reproducción artistística de algunas de estas rosas. La exposición aún se puede ver en la Galería Uno de San Fernando, dónde tuve la ocasión de conversar con la autora del libro.


Aunque pensó en titularlo Rosario para rosas, Dolors dice que este titulo tenía “demasiadas conotaciones religiosas y preferí, como son rosas imposibles, que fuera una especie de osario, lo que no sabemos si existe después”.

De modo que uno se adentra en un territorio fantástico y se queda atrapado en la multitud de metáforas e imágenes que describe la autora, a menudo con ironía, con humor —a veces negro y del bueno—, sin perdonar el sarcasmo cuando lo ve necesario: “La vida, a pesar de que sea seria, como no nos la tomemos así, puede ser calamitosa, la catástrofe total, sobre todo en estas épocas”.

Vitalidad y experiencia

“Me lo paso bien escribiendo, No entiendo a los autores que dicen que cuando escriben se lo pasan fatal y sufren. Yo no lo haría, me dedicaría a sembrar coliflores en un campo”.

Alberola transmite este hedonismo mediterráneo a sus rosas, varias de ellas de una sensualidad y un erotismo inevitables en una flor que simboliza como ninguna otra especie vegetal el amor y la pasión. La Rosa del Geobotánico es un ejemplo de este conjunto de variedades de marcado carácter sexual que no existen, al menos en forma de rosa.

Como contrapartida, algo tan propio del espíritu español como es la constante presencia de la muerte, también forma parte de este osario. Las flores nunca dejaron de formar parte del paisaje de los camposantos.

La autora explica que “todo lo que no encuentro en el más acá lo localizo en el más allá y para mí esa parte fúnebre tiene una estética muy importante porque, igual que en mi poesía, en estos relatos intento de lo feo sacar hermosura”.

Dolors Alberola con Francisco Mesa, Alfonso Arenas y Pepe Barroso
Dolors Alberola con el editor Francisco Mesa y los pintores Alfonso Arenas y Pepe Palacios

Con ser importante, como dice Alberola, no es el tono predominante de este conjunto de microrrelatos. Al revés, es mucho más vital, con una carga de experiencia personal y .literaria muy importante.

Y además, tiene un ligero aire andalusí, una cierta capacidad de evocación de los jardines cordobeses, donde las rosas no solo agradaban los sentidos inmediatos, sino que eran utilizadas para la fabricación de perfumes y aceites.

“Quizás en alguna rosa se me apodere el espíritu de Wallada y por ahí venga el reino andalusí, porque la verdad es que admiro esa época y admiro que en Córdoba se tuviera en cuenta la literatura”.

Cuatro rosas que cuentan aparte

Esa vitalidad tiene también algo de lúdico. La autora ha incluido en el libro dos textos que no son suyos, dos rosas que no ha inventado ella. Es un juego, pero también una triquiñuela dirigida a un objetivo que define sin ambages:

En el libro hay cuatro rosas que son especiales, “dos porque en realidad existen y dos porque no las he escrito yo. Siempre que puedo me gusta incluir en mis libros una especie de divertimento y si alguna vez los críticos literarios trabajan a fondo y no se dejan llevar por los enchufes sino por las realidades, a ver si se dan cuenta, si les interesa alguna vez, ver si las plumas son iguales, son diferentes, si tenemos muchas plumas en el escrito o no las tenemos”.

A pesar de ser textos cortos, el lector sentirá la tentación de demorarse en el paseo, de dejarse mecer por el aroma de estas rosas un tanto oníricas. No hay prisas en una lectura de este tipo. Porque este no es un libro cualquiera. Yo que ustedes ya tendría al menos un ejemplar en mi biblioteca.

Osario para rosas. Dolors Alberola.
Caibooks, 2021

Exposición «Osario para rosas»
Espacio-Uno. C/San Diego de Alcalá, 1. San Fernando (Cádiz).
Prorrogada hasta el 13 de octubre.

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