Jazz, flamenco y lo que se tercie

Echando una mirada a sus más de cuarenta años de carrera musical me resulta incómodo etiquetar al músico gaditano Chano Domínguez. Por supuesto que nadie se atrevería a cuestionar a estas alturas su contribución a ese concepto que algunos llaman flamenco jazz o jazz flamenco. Pero si bien esta línea de trabajo domina toda su carrera profesional, la etiqueta empieza a quedársele corta cuando se lanza una mirada en perspectiva a todo lo que ha hecho hasta ahora.
He leído el concepto de músico ecléctico para referirse a él en algunos artículos o entrevistas publicados en el último año. Una de las definiciones formales del eclecticismo apunta a una cobinación de elementos de diferentes estilos y posibilidades. Esto casa bien con la música del artista gaditano. Ecléctico proviene del griego ἐκλεκτικός, literalmente “que elige”, según el DRAE. Y ya sabemos que elige quien es libre. Por eso, como decía, a estas alturas me resulta un poco incómodo ponerle ninguna etiqueta.

En el diccionario del jazz que publicó en 1995 el editor Mario Muchnik con Anaya, dos años después de la aparición del primer disco en solitario de Chano Domínguez, hay una breve reseña biográfica del gaditano a cargo del periodista Federico González, que entonces escribía sobre jazz en El País y comenzó a seguir la trayectoria del músico en sus apariciones en la capital. “Esto es importante” tituló el artículo dedicado a la presención del primer disco, “Chano” en Madrid.
En la reseña del citado diccionario aparece algo que parece olvidarse al definir al músico de Cádiz. Sus comienzos musicales no están en el jazz ni en el flamenco —otra cosa es el entorno—, su origen está en el rock sinfónico siguiendo el estilo de grupos musicales muy destacados a finales de los setenta como fueron Pink Floyd, sobre todo, Yes o Genésis. No fue hasta 1981 cuando empieza a interesarse por el jazz, cuando ya había publicado tres discos con su grupo CAI en el prestigioso sello CBS.
Aquel estilo de rock era muy innovador y muy sofisticado. De hecho Pink Floyd ha quedado en la memoria como un grupo vanguardista para la época y Roger Waters, su autor más destacado. Esto señala ya una intención, un interés por nuevas formas de hacer, por buscar nuevas posibilidades. Tal vez esa intención es lo que aún quede de aquella aventura.

Imagen del músico Chano Domínguez
Chano Domínguez en 2018 en Uruguay. Foto: Jimmy Baikovicius (CC BY)

Desde 1981 hasta 1992 cuando publica su primer disco en solitario como pianista de jazz transcurren 12 años. Aún hoy, aquel primer disco, “Chano” sigue siendo deslumbrante. Ahí están ya muy claramente Paco de Lucía y el Niño Miguel y un tema como “Mr C.I.” referido a Camarón de la Isla cuyo título parafrasea el “Mr. P.C.” que Coltrane dedicó a Paul Chambers.. Dice el autor en la carátula del disco:

El tema “Refrito” es un homenaje que he querido hacer al “Niño Miguel” y Paco de Lucía, en el que incluyo falsetas de estos dos grandes maestros de la guitarra dentro de mi composición”.

No es de extrañar que el genio de Isla Verde fuese una referencia para Chano (Le dedicó su segundo disco al completo, “10 de Paco”). Paco de Lucía siempre fue un inconformista, siempre estuvo enseñando caminos, abriendo puertas, aireando el flamenco. Y Chano aceptó esa invitación implícita a hacer lo mismo desde el primer momento. El resultado está muy en la línea del trabajo de Paco de Lucía: Cuando se presentó su tercer disco “Hecho a mano” en Estados Unidos, Judith Schlesinger escribió en “All about jazz” una idea clave: “Domínguez introduce al oyente americano a un amplio rango de formas del flamenco que van más allá del estereotipo” que Hollywood había difundido acerca de este tipo de música.
Romper el estereotipo. Romper cualquier idea preconcebida. Ya lo había hecho Paco de Lucía, y Chano siguió por la misma senda.

La etiqueta se queda corta

Y aún siendo un rasgo distintivo su cultura flamenca, algo que todos los niños del sur maman desde niños —basta ver el repertorio del pianista: “El toro y la luna”, “La tarara”, “El vaporcito”—, el ansia de aprender nuevos caminos del músico parece insaciable. Uno mira sus referencias, en quién se ha fijado para desarrollar su estilo jazzístico, y en las músicas de las que bebe, y se llega inevitablemente a la conclusión de que Domínguez es una esponja.
Uno encuentra en su repertorio, desde Atahualpa Yupanqui hasta Bill Evans, desde Thelonious Monk a Paco Alba, desde Manuel de Falla a Paco de Lucía, desde Federico Mompou a Bola de Nieve, desde León, Quintero y Quiroga hasta Hoagy Carmichael y Johny Mercer, desde John Coltrane a Violeta Parra, desde Tete Montoliu hasta Harold Arlen.

Todo esto es riqueza, variedad, conjunción de estilos, aprendizaje continuo, libertad, eclecticismo. ¿Flamenco jazz? Creo que no, que la etiqueta se queda corta. El flamenco es, en todo caso, un rasgo distintivo de su estilo, de su manera de entender la música y de las composiciones que firma con su nombre, pero a la vista de su carrera musical no se puede decir que sea el único, aunque sí el más determinante. Además están la música popular latinoamericana y el repertorio moderno de jazz.
Y la nómina de artistas con las que ha trabajado el gaditano es digna de llenar los carteles de un festival internacional: Javier Colina, Guillermo McGill, Tino Di Geraldo, Joaquín “Grilo”, Marta Valdés. Jorge Pardo, Carles Benavent, Enrique Morente, Luis de la Pica, Rubem Dantas, Martirio, Nono García, Wynton Marsalis, Tito Alcedo, Hadar Noiberg, Herbie Hancock, Chicho Valdés, Joe Lovano, Paquito d’Rivera, Gerardo Núñez, Jerry Gonzalez y Gonzalo Rubalcaba, entre otros.
La nota biográfica de su sitio web dice que “sigue creando un arte intemporal que no tiene fonteras”.

Es una máxima ampliamente conocida la que recomienda al periodista que “no dejes que la realidad te estropee un buen reportaje”. Esto que escribo, si es que puede llamarse reportaje, pretendía explorar los puntos de conexión que pudieran existir entre Chano Domínguez y Thelonious Monk. Pero el campo de juego del músico gaditano es demasiado extenso para limitarse a este único enfoque. La realidad es así, tozuda y enriquecedora.
No obstante, es cierto que en 2017, cuando se publicó en Estados Unidos su disco “Over the Rainbow”, a Michael Stone de la revista “Rootsworld” le llamó la atención que el trabajo incluyera dos temas del compositor y pianista norteamericano, los titulados “Evidence” y “Monk’s dream”. La revista incluyó esta cita de Chano a propósito:

Tengo una profunda conexión con la música de Monk; él es uno de los compositores de jazz más prolíficos y sólidos. Pero yo interpreto cada uno de sus temas a mi manera, de acuerdo con mi concepto rítmico, que viene del flamenco”.

Pero insisto, el músico gaditano es una esponja y ha demostrado signos de devoción similares a otros compositores y pianistas como Bill Evans o Tete Montoliú o al propio Miles Davis, de quien replicó su “Flamenco Sketches” para el legendario sello “Blue note”. Ya puede considerársele a él mismo un maestro como lo fueron todos aquellos músicos que alimentan su trabajo y su experiencia. Lo prueba el concierto que ofrece el próximo 24 de julio en el Festival de Jazz de Cádiz con el taller de músicos ESEM con el que ha estado trabajando en los últimos meses.

Imagen de Thelonious Monk en Nueva Zelanda
Thelonious Monk en Nueva Zelanda en 1965. Foto: Archives New Zealand (CC BY)

Thelonious y Chano no llegaron a conocerse personalmente. Chano apenas tenía once años, y se limitaba a tocar una guitarra que le habia regalado su padre, aficionado al flamenco, cuando Monk, que contaba entonces 54 años, decidía dejarlo todo: grabaciones, composiciones, bolos, y retirarse definitivamente de la escena pública hasta su muerte en 1982.
Según el sitio web “All music”, el pianista estadounidense hizo su último concierto como solista en 1971 y allí interpretó “Well you needn’t”. Es una simple coincidencia, pero en 1993 Chano Domínguez elige esta composición de Monk, su particularísima versión de este tema, con palmas flamencas y un estilo identificable como claramente andaluz, para incluirlo en su primer disco como solista.
Habría sido memorable que ambos hubieran tenido ocasión de tocar juntos en un dúo de pianos. El músico estadounidense tenía en sus recitales la costumbre de levantarse de la banqueta y marcarse un bailecito alrededor del teclado, paseando entre los demás músicos del escenario mientras estos seguían tocando. Y pese a quienes criticaban esta excentricidad, lo cierto es que nunca perdía el compás. Habría sido memorable, digo, verlos tocar juntos este “Well you needn’t”, que el hombretón negro tocado con su exótico sombrero se levantara de la banqueta y se marcarse un bailecito a ritmo de bulerías. ¿O era de jazz?.

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