Tampoco hemos cambiado tanto

Entre las muchas obras originales y únicas que nos dejó el escritor Fernando Quiñones, esta es una de las más singulares, “Las crónicas de Al-Andalus”.

Tres poemas aún inéditos de este libro, los titulados “Honorarios”, “Maani” y “Kadis”, fueron incluídos por la revista “Litoral” en su número de noviembre de 1970. La breve nota biográfica que en aquella ocasión publicó la revista malagueña definía al autor como “Cantaor” a medias, definición que, conociendo la pasión de Quiñones por el flamenco, debió producirle una socarrona sonrisa. “Desburocratizado hace poco, —continuaba el breve perfil— vive solo de las letras”, Ese “vive solo de las letras” eran ya, a sus 39 años, catorce libros de poesía y narrativa.

“Las crónicas de Al-Andalus” se publicaron ese mismo 1970. Las puso en la imprenta la editorial Llibres de Sinera en su colección “Ocnos” que dirigían los poetas Joaquín Marco y José Agustín Goytisolo. Hoy día es uno de los pocos libros de toda la serie de las “Crónicas…” que se puede adquirir nuevo en las librerías gracias a la edición que hizo en 2007 la editorial EH con un bello prólogo de la poeta Pilar Paz Pasamar, pleno de conocimiento y de detalles personales, y un estudio de la profesora Ana Sofía Pérez Bustamante.

Esta moderna entrega incluye además los libros de poesía “Ben Jaqan” y “Vueltas de Al-Andalus” que el autor publicó por separado en 1973 y que posteriormente decidió unir en un solo libro en el “Libro de las crónicas”, que reunió en 1998 toda serie poética completa.

Salón de un palacio de Medina Azahara
Medina Azahara. Foto: Dominio público.

Es un libro lleno de luz, casi una manera de honrar el título y lo que fue Al-Andalus. Y representa una forma de hacer poesía diferente y muy escasamente utilizada en España. Una poesía que llega a ser narrativa a veces, como los antiguos romances; fragmentaria otras, expresada en poemas muy breves, extraídos casi como restos arqueológicos de los libros antiguos; una poesía también que funciona como un molde de barro en el que Fernando Quiñones impresiona escenas contemporáneas. Para quien se acerque por primera vez puede resultar un libro lleno de sorpresas, y si el lector es amante de la historia, volverá a sus páginas una y otra vez.

Algunos de estos rasgos los señala el propio autor en la breve nota introductoria que añadió a la reedición del poemario en el “Libro de las crónicas” con el corolario de que “A fin de cuentas, no hemos cambiado tanto”.

Por supuesto, es poesía, no historia.

El amor, la muerte, la traición, la envidia, el azar, todo esa panoplia de rasgos puramente humanos que caracterizan a la especie en cualquier momento y lugar no dejan de aparecer en estos versos.

Desde su enfoque personalísimo Quiñones hace una poesía en la que el erotismo (“Amor udrí”, “En la batalla”) y el humor —desde la ironía hasta el sarcasmo— (“Honorarios”, “El cansado”) actúan como lenitivo a la conciencia, melancólica en el fondo, de la inevitable fugacidad del tiempo (“Kadis”, “Para instruir a príncipes difíciles”). Una característica bien conocida por los lectores y conocedores de su obra literaria.

Algunos años después de su publicación explicaba Quiñones, en una entrevista que le hizo el periodista y escritor Ramón Pedrós (Abc, edición Sevilla, 16 de abril de 1974), una de las claves que ya estaban caracterizando su poesía:

Ahora prefiero poemas con tema, tonos y tiempos menos personalizados, menos egocéntricos, diría. Creo que el poeta debe entregar al mundo su trabajo y su “yo”, no estarse lamiendo por dentro como un gato se lame las patas”.

Hacía seis años que había comenzado la publicación de la serie poética de las crónicas, de la cual las de Al-Andalus fue la segunda entrega tras “Las Crónicas de Mar y Tierra” que inauguró la serie. En esta misma estrevista citaba a sus (sic) “padres poéticos”: Ezra Pound, Constantinos Cavafis y Jorge Luis Borges.

Esta influencia ha sido posteriormente subrayada por estudiosos de su obra como Ana Sofía Pérez Bustamante o Fanny Rubio. Y aunque en aquella entrevista en concreto él no lo citase, entre aquellos “padres poéticos” él mismo incluiría en otras conversaciones al autor norteamericano Archibald McLeish.

El poeta Juan Carlos Marzal, que en 1997 hizo una cuidada edición antológica de “cien poemas” de Quiñones para Hiperión, incluye quince de ellos escogidos de “Las Crónicas de Al-Andalus” y “Ben Jaqan”, lo que en esta antología lo convierten en una de las obras más resaltadas de la poesía de Fernando Quiñones.

Ahora que han pasado cincuenta y un años desde la primera vez que se pusieran a disposición de los lectores, tengo la impresión de que estos poemas —en general casi toda la poesía de Quiñones— sigue tan fresca como un sargo recién pescado a las aguas del Golfo de Cádiz.

Las crónicas de Al-Andalus. Fernando Quiñones.
EH Editores. 2007.

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